El infortunio electoral del PAN, ha puesto al
descubierto las profundas cuarteaduras del edificio político del todavía
partido gobernante, durante los años de gobierno del presidente Felipe Calderón
parecía una fortaleza monolítica inexpugnable, sin embargo esta apreciación era
solo para los ajenos, para los que la veían desde afuera, para aquellos que realmente
no podían calibrar sus muros y torreones. En realidad la arquitectura del PAN
estaba dañada, no por mala cimentación, sino por los daños intencionales
cometidos contra su estructura y que fueron hechos, precisamente por quienes
tenían la misión de protegerla, de cuidarla e incluso, de robustecerla.
Como era lógico que ocurriera, todas las debilidades
estructurales resultaron evidentes en el preciso momento en que fueron puestas
a prueba, cuando los adversarios atacaron la fortaleza del partido desde sus cuatro
puntos cardinales y desde todas sus latitudes, entonces quedó en evidencia lo
que ya se sospechaba, que se habían robado las duras rocas de sus paredes para substituirlas por otras de arenisca que ante cualquier golpe se
desmoronan, que fueron preferidas por ser las más baratas y por ende ideales para hacer
negocio a costa de lo edificado, se descubrió que a lo largo del muro existían
puertas y túneles para contrabandear y
que los encargados del cuidado de toda la obra de decenios, buscando oro,
debilitaron todo lo cuidadosamente construido, sí fueron necesarias tres
generaciones de ardua labor para levantar tan formidable obra, bastaron apenas
dos sexenios de expolio para debilitarla y convertirla en un castillo de simple
utilería.
Los culpables no son solo Vicente Fox Quezada y Felipe
Calderón, quienes encabezaron la obra de devastación, sino todo el partido
creado por Manuel Gómez Morín, que en lugar de aprovechar los buenos momentos
para ser exigentes y fortalecerlo todo, este par de tipejos cayeron en la
tentación fácil y obvia de beneficiar a sus familias y a sus amigos, el primero
cuenta con el beneficio de sus pocas luces y nadie puede exigirle a un
menesteroso intelectual, semi alfabetizado, ninguna obra digna de un visionario,
en el caso del segundo, que es un pandillero vulgar, tampoco se le puede exigir rectitud, cuando llegó con sus
familiares y amigos “con una mano adelante y otra atrás” y salieron cargados de
riquezas, honores y ejercicio indigno de un poder que debió ejercerse con
responsabilidad, esmero y respeto. Así es, la responsabilidad no es solo de las
familias depredadoras Zavala-Gómez del Campo, Fox-Bribiesca, Calderón Hinojosa,
ni es solo responsabilidad de pillastres vulgares como Roberto Gil, Ernesto
Cordero, Manuel Carstens, Santiago Creel, Javier Corral, Manuel Espino, todos
ellos, entre otros igual o peores, que por desgracia abundaron, ladrones “matalascallando”
y cuya depredación esperemos que algún día sea compensada con el traje a rayas
de los presidiarios, pero no, la culpa no es de ellos…. No solo de ellos, no exclusivamente
de ellos.
No, la culpa es en general de todos los panistas que
renunciamos a nuestros deberes primordiales, a nuestras más elevadas
obligaciones, pues declinamos cumplir las tareas para las
cuales el PAN nació. La primera de ellas fue la de ser un partido
democrático e incluso más allá de esto, ser el instrumento de la democratización
del país, por desgracia esta tarea fue abandonada de plano en tiempos de Felipe Calderón,
quién se convirtió en su más enconado enemigo. Desde tiempos de Vicente Fox una pandilla de antidemócratas,
capitaneada por Manuel Espino empezaron a imponer candidatos
a vil dedazo, “designando” a personas ajenas a la vida política de México pero
que eran del gusto del presidente de la República o del comité ejecutivo nacional, los beneficiarios de esta estrategia suicida, tienen la cualidad de ser ferozmente leales a quienes les obsequiaron sus candidaturas plurinominales, sus senadurías de lista o las candidaturas amarradas en
distritos donde el PAN era o es hegemónico, por ello su lealtad nunca ha sido para los ideales del partido, sino exclusivamente para
los individuos que les regalaron esas candidaturas, su lealtad son solo para sus amos, los
dirigentes del partido.
México es un país de sello antidemocrático, nuestras
tradiciones antidemocráticas arrancan desde los descendientes de Adán y Eva que
llegaron al Lago de Texcoco, pasando por el estrecho de Bering o por la península
ibérica, así que la tarea de ser el instrumento para democratizar a nuestro
país, fue desde un principio, una tarea inmensa, por lo que en el momento en
que el PAN tuvo el poder suficiente, debió radicalizarse en ese propósito,
bastaría revisar los ejemplares de la revista La Nación, para comprobar que el
PAN de sus primero años luchó por la Democracia como la forma ideal de
otorgarle poder al pueblo, ahora esto parece una tontería, cuando el PAN se
afana en otorgar gracia y honores a cuanto pillo y lepero desfachatadamente se
exhibe ante la cúpula dirigente, cuando el PAN afanosamente "designa" todas las candidaturas que puede o las deja en manos del comité nacional o el consejo nacional,
integrado por bellacos, zalameros y arrastrados. En estas condiciones la
antidemocracia campea en el partido y actúa como un poderoso disolvente, corroyéndolo
todo, degradándolo.
El esquema antidemocrático que hoy padecemos se potencializó con las candidaturas "pluris" y las "senadurías de lista" que fueron regaladas a amigos
personales de Felipe Calderón y a sus familiares, demostrando su profundo
desprecio a los orígenes democráticos y meritocráticos del partido, pues
los méritos supremos en el PAN de Felipe Calderón, son la servilidad, la ruindad
y el ideal no es el del hombre o mujer libre, sino el del lacayo sometido y obediente. Somos culpables por aceptar las instituciones antidemocráticas, que primero se fueran perfilando
sutilmente, encubiertas en formas de apariencia democrática, pero que solo lo aparentaban, pues en la especie fueron parte de la maquinación de un fraude electoral interno permanente, donde destacan las
listas de candidatos en paquetes "amarrados" y votados por comités selectos o por asambleas mediatizadas y con esto, toleramos que los ruines
gobernaran al partido, lo envilecieran y pero aún, que esta escoria nos represente.
Otro aspecto de nuestro envilecimiento, fue el
desprecio por los humildes. El PAN fue en sus orígenes el partido de la pobrería, de las personas
modestas que sin embargo, dieron muestra de valentía, de sentido histórico, de vocación
democrática, no fueron los grandes empresarios los que forjaron la tradición
heroica del PAN en todo México, en el norte, en Yucatán, o en el bajío, tampoco fueron
los grandes empresarios, ni los juniores, los que ganaron las elecciones en
Baja California en los años sesenta, fue el pueblo llano, el pueblo de
ciudadanos electores, el pueblo que ahora es despreciado por los parásitos que dirigen al partido. La doctrina social del PAN fue suplantada por las "leyes del mercado", los nuevos panistas son economistas de poca monta,
admiradores de un sistema económico inmoral y claro que para ellos, lo que importan no son las ideas ni los principios, sino los
resultados, lo que quieren escuchar es al oro tintineando al caer en sus bolsillos. El nuevo PAN no tiene
ningún parentesco con la doctrina humanista del partido fundado en 1939, a diferencia del actual aquel otro PAN, carecía de “panistas distinguidos” pues todos lo eran, en el
cumplimiento de sus graves tareas.
El proceso de envilecimiento y degradación del PAN empezó con medidas supuestamente administrativas: Hacer un padrón de militantes, pero de inmediato se cerró, después se abría para que se incorporarán a
él personas comprometidas con la pandilla dominante y después era cerrado y de nuevo reabierto por otro grupúsculo para volverlo a cerrar y así hasta
crear un padrón, el actual, donde los idealistas se convirtieron en una minoría y los pragmáticos, los tramposos, los
lacayos y los utilitarios son la nueva mayoría, recreando al partido como un colectivo de analfabetas
espirituales, sin fines políticos de altura, sin intelectuales, sin músicos, sin poetas, sin artistas, atascado de obscuros personajes falsamente doctos, falsamente
técnicos, falsamente especialistas. Esta nueva estirpe es visible en este padrón negociado
entre pillos, que ni siquiera es respetado, pues se reniega de él,
como lo demuestra la dirigencia nacional, que después de haberlo prohijado, lo ignora
con las designaciones y los dedazos. La degradación es tan grande en el partido, que la corrupción en los gobiernos emanados del PAN ya es proverbial, es una especie de cepo que nos atrapó y no nos suelta, claro que en cada elección se prometen los cambios, pero lo que llega son nuevas medidas para fortalecer a la cúpula dirigente, al centralismo, ahora somos un
partido clasista, antidemocrático y desleal con sus militantes, de dirigentes
lacayos, donde dominan los crueles y los ineptos.
Contra la tradición pro municipio, con que nació el PAN y a la que honró encabezando la reforma al artículo 115 constitucional, para darle a los ayuntamientos un papel de mayor relieve e independencia, el PAN de hoy es el más feroz enemigo de nuestras municipalidades. Injusta y tontamente el gobierno de Felipe Calderón se concentró en acusar y calumniar a las autoridades locales ensalzando a las federales, las acusó de corruptas, de cómplices de la delincuencia y de ineptas, como si la corrupción y la ineptitud solo pudiera existir entre las autoridades del fuero común. En su afán de controlarlo todo, de ser dueño de todo y de todos, Felipe Calderón se esforzó degradando a los gobierno locales y, en cuanto pudo, reformó la constitución para restar las funciones naturales a los municipios y estados, para engrandecer el infame centralismo mexicano, que en otro tiempo fue uno de los adversario jurado del PAN y que ahora, por decisión miope y torpe de nuestro tiranuelo azul, se convirtió en el ideal "panista". En estos pocos años el PAN se enemistó con el municipio libre y el estado soberano y a imagen y semejanza del PRI y del PRD, se sumó a la causa del centralismo, enemigo del federalismo y de la competencia creativa, todo lo cual es al menos una ofensa, sino una traición clara a la historia federalista y descentralizadora del PAN, la que fue letra viva hasta el año 2000, en que descubrimos la clase de pasta con la que realmente fuimos hechos.
Contra la tradición pro municipio, con que nació el PAN y a la que honró encabezando la reforma al artículo 115 constitucional, para darle a los ayuntamientos un papel de mayor relieve e independencia, el PAN de hoy es el más feroz enemigo de nuestras municipalidades. Injusta y tontamente el gobierno de Felipe Calderón se concentró en acusar y calumniar a las autoridades locales ensalzando a las federales, las acusó de corruptas, de cómplices de la delincuencia y de ineptas, como si la corrupción y la ineptitud solo pudiera existir entre las autoridades del fuero común. En su afán de controlarlo todo, de ser dueño de todo y de todos, Felipe Calderón se esforzó degradando a los gobierno locales y, en cuanto pudo, reformó la constitución para restar las funciones naturales a los municipios y estados, para engrandecer el infame centralismo mexicano, que en otro tiempo fue uno de los adversario jurado del PAN y que ahora, por decisión miope y torpe de nuestro tiranuelo azul, se convirtió en el ideal "panista". En estos pocos años el PAN se enemistó con el municipio libre y el estado soberano y a imagen y semejanza del PRI y del PRD, se sumó a la causa del centralismo, enemigo del federalismo y de la competencia creativa, todo lo cual es al menos una ofensa, sino una traición clara a la historia federalista y descentralizadora del PAN, la que fue letra viva hasta el año 2000, en que descubrimos la clase de pasta con la que realmente fuimos hechos.
La
misma Josefina Vázquez Mota es parte de esta historia de centralismo y despotismo antidemcorático, pues fue impuesta candidata a diputada plurinominal en el 2000, por el capricho de Vicente Fox, vuelta a ser diputada del mismo tipo por el caprichoso Felipe Calderón, quien la toleró como candidata en un proceso de
elección interna trampeado, donde los panistas tuvimos un papel de "patiños",
pues las reglas fueron una trampa importada del modus operandi priista,
que es el que predomina en el partido. De esta manera los primeros candidatos de la lista al
Senado, es decir los “amarrados” son solo amigos y familiares de Felipe
Calderón, de manera que lo que el PAN se juega, no es la elección
presidencial, de antemano perdida, sino su propia existencia, su propio ser, por desgracia no parece que haya mucho que merezca salvarse, pues nadie da un peso
por esos burócratas voraces que saldrán entre rechiflas y monumentales mentadas
de madre del senado, de la cámara de diputados y de las oficinas del gobierno federal, nadie
espera que salven nada que no sea su propia economía personal y de pandilla,
nadie espera idealismo ni una actitud sincera de transformación, es por ello que el futuro
carece de promesas para un PAN que solo se articula con el dinero del Erario, que carece de ideas, de principio, que irónicamente gira en torno a los dirigentes del DF y desprecia, por increíble que parezca, a los
humildes.
Por Antonio Limón López