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Para entender a Andrés Manuel López Obrador


Han pasado casi 27 años desde que el mediano funcionario priista Andrés Manuel López Obrador abandonara al PRI. En 1988 fue uno más entre miles que lo hicieron siguiendo a Cuauhtémoc Cárdenas, acto seguido, en 1989, fue el candidato a Gobernador de Tabasco del neonato PRD, perdió las elecciones y denunció lo que llamó, por primera ocasión en su vida política: “Fraude Electoral”,  de ese reclamo surgieron las páginas de su primer libro. Hoy es un personaje nacional admirado, querido, odiado por su pasión política, por la ferocidad con la que en ocasiones ha reaccionado y lo intransigente de una postura personal que conlleva críticos y seguidores, también es digna de encomio su perseverancia y su independencia, lo que en conjunto no corresponde al perfil de un político a la mexicana.

A pesar del tiempo transcurrido, sigue fascinando como si fuera una auténtica novedad, simplemente porque a pesar de todo sigue cambiando y renovándose, por eso Andrés Manuel López Obrador, o AMLO, es un personaje exótico en la anquilosada política mexicana, en principio porque los político mexicanos son todos iguales, sin importar el partido del cual provengan, e incluso sin importar el grado de estudios que tengan. En variedad política humana y conceptual, México es un gigantesco desierto helado, donde hacia cualquier punto que se mire, se ve el mismo paisaje, algo así como el blanco manto interminable de nieves eternas que impresionó a Roald Amundsen cuando conquistó el Polo Sur; La política mexicana ofrece solo paisajes yermos, glaciales, planos, monótonos, pues así son nuestros hombres y mujeres del poder: Zafios, ignorantes, amorales, astutos, sinuosos, vanidosos, convencionales, adocenados y timoratos, así que encontrar entre ellos a uno diferente, simplemente es ... asombroso.

Andrés Manuel López Obrador es distinto a la estirpe de vulgaridades humanas, que es nuestra grey política, y al ser una “rara avis” debiera ser mucho mejor conocido y más ampliamente estudiado que el resto de la recua política nacional y sin embargo, no existen estudios sobre esta singular personalidad política, no porque se ignoren sus datos biográficos, sino porque nadie se atreve a aventurarse a enunciar los principios sobre los cuales se rige realmente y ello porque esto es normal en la política, donde todos imaginamos que nuestro candidato es exactamente lo que queremos que idealmente sea, aunque en realidad sea lo contrario.

Antes de revisar el motor que impulsa al político tabasqueño más ilustre, veamos los aspectos exteriores más significativos de su esquiva personalidad: El primero es que carece totalmente de sentido del humor, no puede por ende tomarse a sí mismo en broma, y menos ver el entorno a través del cristal de la ironía, a pesar de lo anterior es la inspiración de todos los cómicos, que lo caracterizan contantemente, precisamente por la fatal seriedad con la que se conduce nuestros cómicos le pusieron el mote de “El peje”, y en "El privilegio de mandar" el de “el gallito feliz”, pues los mexicanos, en venganza ante nuestra atroz realidad, todo lo tomamos a broma, hasta al mismísimo y gestudo AMLO.


Otra cualidad exterior de López Obrador, es la comodidad con la que se desenvuelve frente al micrófono, lo hace como pez en el agua, podría durar hablando sin parar no por horas, sino por días, a la manera de Fidel Castro y de Hugo Chávez, quienes practican la misma técnica: En una perorata sin fin, agotadora, extenuante, se exponen algunas pocas ideas, después se contestan desde las tribuna todas las acusaciones que se vierten en su contra, reales o imaginarias, posteriormente se acusa a sus adversarios y advierten de nuevos ataques y conjuras, finalmente, cuando el público está cansado, adormilado, en un estado hipnótico, entonces se le seduce, se le dice que hacer, que pensar, para este momento el raciocinio del escucha, si es que lo tiene, ya ha sido vencido por su buena disposición para escucharlo, pero además por el cansancio, el aburrimiento, el hambre. Al final, el público sale algo más que convencido... fanatizado!
Es un polemista dotado de grandes cualidades y de una excelente estrategia: Escoge adversarios a modo, es decir aquellos a los que sabe que va a vencer en el sinuoso campo moral, así sus preferidos fueron Diego Fernández de Cevallos, el político panista sospechoso de una conducta corrupta, pues se le acusa de haber sido el abogado invencible durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari e incluso de Ernesto Zedillo y de haber permutado la presidencia de la república por un predio en “Punta Diamante”; Otro adversario a modo lo fue Vicente Fox, por su endeble comportamiento público ya que a pesar de su enorme popularidad era un perfecto idiota; También acertó al escoger a Santiago Creel Miranda quien sospechosamente reactivó a los casinos en México, otorgándoles a los criminales concesionarios, todo tipo de privilegios a una de las actividades más corruptas y centaveras del país. La estrategia de Andrés Manuel López Obrador, es colocarse en el plano de gran inquisidor moral, para fustigar a sus contrapartes desde el sacro sitial de su perfecta moralidad y al hacerlo, mostrarse como el más digno de los políticos.
Nadie puede negar su valentía frente a acusaciones o amenazas, como quedó acreditado cuando enfrentó la imputación de cometer abuso de autoridad al desacatar la suspensión provisional decretada por un Juez de Distrito, pues no solo no huyó, sino que se presentó en el Reclusorio Norte en el Distrito Federal y visitó la unidad donde se concentran los jueces federales, ofreciéndose para ser detenido en el acto. Finalmente el pobre diablo de Vicente Fox terminó reculando y haciendo el ridículo. En la periferia de esta valentía de López Obrador, se encuentra una testarudez a prueba de balas, que desafía al sentido común e incluso a la verdad más diáfana, pues para López Obrador no existe más verdad que la suya y puede negar tranquilamente, si lo necesita que dos más dos son cuatro.


Andrés Manuel López Obrador, resuma por sus poros dos influencias centrales, una que él mismo ignora y otra que intenta ocultar a cada instante, pero que ambas son las que realmente lo conforman como al líder que es o al mártir que está dispuesto a ser. La primera característica de Andrés Manuel, es la cultura política católica, pues sin importar el momento en que sus padres abandonaron el catolicismo, es perfectamente obvio que ellos, al educarlo, estaban profundamente influidos por las ideas más notables de la cultura católica: Las ideas de la superioridad de la religión y la moral sobre la economía o la política, la mayor importancia del ser humano como centro de la creación, la igualdad como hijos de Dios, como hermanos en Cristo, la idea de que es justa la rebelión o la resistencia contra el gobierno amoral o contrario a la ley divina, son las ideas que están notoriamente en el centro del discurso lopezobradorista, que las reproduce a diario pero sin mencionar la palabra prohibida: "Dios". La otra influencia concurrente es el enorme coraje que se advierte en su actitud, que se deriva de las injusticias percibidas por él, cuando fuera un joven cristiano –no católico- en una sociedad, donde los católicos dominaban, de manera que, desde muy pronto bebió el cáliz de la injusticia sobre “su” comunidad de creyentes y desde entonces, se sabe víctima de la injusticia que por cierto, los mexicanos practicamos sin darnos cuenta.


Llegado el momento de viajar a la ciudad de México, donde se enfrentó por primera vez a un ambiente secular, los primeros años fueron de difícil confrontación, por su acento y su religiosidad exultante, que despertaron burlas entre sus escépticos compañeros de la UNAM, pronto se confrontó con la mayoría intelectual universitaria de la época, la marxista leninista, con la cual no compaginó, ni compagina, pero también en esa época identificó a su enemigo absoluto: El PAN, el partido de los “banqueros”, de la Iglesia católica, de los traidores a la patria, de los herederos de Maximiliano, del imperialismo “yanqui”, etc, etc. Por lo que abrazó al PRI. En 1976 truncó sus estudios para unirse a la campaña para el Senado del poeta tabasqueño, ex vasconcelista y perseguido Carlos Pellicer, acaso para impresionar al poeta, López Obrador escribió su “ opera prima” y única obra poética, el “Himno al PRI”, del cual por cierto, ahora reniega.


José López Portillo, siendo candidato en 1976, trató de atraer sobre si la imagen de un continuador de la obra civilizadora iniciada por José Vasconcelos, así que para ello convenció a Carlos Pellicer para que Tabasco y después, México lo honraran por su vida de civismo y por su enorme contribución a las letras, por su parte Pellicer quedo sorprendido por la pasión del joven Andrés Manuel López Obrador. Al año siguiente, el joven Andrés Manuel visitó al senador Pellicer y le pidió su intervención para integrarse al Instituto Nacional Indigenista (INI), lo cual hizo con mucho gusto, pero como no conocía a su Director General Ignacio Ovalle Fernández, optó por pedirle al Gobernador de Tabasco, Leandro Rovirosa Wade que recomendara a su protegido con Ovalle Fernández, y de un día para el otro Andrés Manuel López Obrador, tomo un lugar de honor entre los políticos más avezados y veteranos de Tabasco,  donde el INI, era la súper delegación federal.


En 1983, inspirado, por su amor al partido que le había dado todo, Andrés Manuel López Obrador fue designado Presidente del Comité Directivo Estatal del PRI. El sueño de dirigente priista duró poco, para los políticos de Villahermosa, Andrés Manuel López Obrador era un engorro, demasiada pasión religiosa y política, ya no estaban para ser adoctrinados por este San Pablo tricolor, además era un vestigio del pasado, así que tuvo que renunciar y salir en el primer vuelo con destino a la Ciudad de México.


Cuando nadie daba un céntimo por el futuro de Andrés Manuel como político o funcionario público, se las ingenió para entrevistarse, otra vez con su ahora nuevo “padrino” Ignacio Ovalle Fernández,  quien en 1984 era Embajador de México en Argentina, y este lo recomendó con la persona precisa, la abogada Clara Jusidman, quien al igual que Andrés Manuel López Obrador tiene firmes convicciones religiosas y al igual, no forma parte del credo mayoritario del país. Ella era la Directora del Instituto Nacional de Protección al Consumidor, y nuestro personaje se convirtió en su flamante Director de promoción Social, puesto en el que desarrolló su pasión por las cámaras de televisión, las entrevistas matutinas y el dispendio en medios.


En 1988 formó parte del grupo priista que abandonó al tricolor con Cuauhtémoc Cárdenas, en 1989 contendió infructuosamente por la gubernatura en Tabasco y en 1989, escribió su primer libro ¿Adivine el título? “Tabasco, víctima de un fraude” En 1994, contendió contra Roberto Madrazo Pintado y volvió a perder, pero presentó miles de pruebas documentales del fraude electoral que de nueva cuenta afirmó haber sufrido, de estos dos procesos electorales Andrés Manuel López Obrador aprendió que no contaba para nada con la burocracia nacional del PRD que lo dejó a su suerte y que no movió un solo dedo por él, llegó a la convicción de que los organismos electorales no valoraban las evidencias y que las autoridades electorales eran venales, aprendió a desconfiar y a ver como adversarios a propios y a extraños.


En 1996 fue nombrado Presidente del Comité ejecutivo Nacional del PRD, para ello dejo en el camino al líder histórico Heberto Castillo y sin remordimientos lo envío a su jubilación definitiva. Siendo jefe nacional de su partido, otro “amigo-enemigo” Cuauhtémoc Cárdenas ganó la jefatura de gobierno y en 2000, fue el candidato del PRD a la jefatura de gobierno, la cual ganó a Santiago Creel Miranda, quien quedó en un cercano segundo lugar, después de que el tabasqueño le llevara una amplia ventaja de más de 15 %.

¿Que mueve a Andrés Manuel López Obrador? La respuesta no es sencilla, a lo largo de estos años, desde 1988, ningún político mexicano ha logrado que su vida íntima permanezca en la obscuridad total, y si algo se ha filtrado es por su propia decisión ya que nuestra prensa es timorata y las cadenas de televisión no se han atrevido a traspasar el límite que fijan los mismos actores políticos, por lo que la firme decisión de López Obrador de que ningún medio de comunicación toque el timbre de su casa, ha sido suficiente para que, nadie trasponga el dintel de su departamento en Copilco.


Ciertamente no es un avezado tramposo, que haya llegado a los umbrales del poder cargando una saca para llenarla con lo que pudiera depredar, pero suele ser poco severo con sus colaboradores en este aspecto, ya que entre sus colaboradores en el gobierno abundaron los ladrones vulgares. Por el otro extremo, tampoco tiene una clara idea de los cambios que se propone realizar, carece de aliados a sus ideas y creencias, no pertenece a ninguna élite tecnocrática, ni lo apoya una fuerte burocracia Fabiana. En el orden intelectual se impresiona fácilmente con cualquiera de las muchas medianías criollas que tenemos, lo que demuestra los defectos de una formación académica poco exigente.


En realidad Andrés Manuel López Obrador considera a toda la clase política como su contrincante, desconfía de todos, únicamente se deja guiar por su intuición ética y por la idea de que el pueblo (de Dios) es bueno, limpio, puro y que solo la “salvación” puede venir de él, como dice en su oración: "Sólo el pueblo puede salvar al pueblo", pero quienes lo rodean son seleccionados únicamente por su entrega personal al líder sureño, sin que tenga ninguna relevancia cualquier creencia, así que en premio a la férrea lealtad queda presto lo que puedan tomar como botín, en esa perspectiva no  existen ni dobleces, ni dudas, pues al camarada lopezobradorista se le exige la misma fidelidad, que al miliciano que sabe que va a su muerte, pero que no puede ni debe hacer sino lo que se le ordena y a cambio tiene para si la gloria y todos sus dones.


No es el orden ideológico, ni tecnocrático lo importante, no es tampoco una alianza sostenida con ningún grupo en particular, pues al contrario, sabe perfectamente que los ideólogos no cuentan, que los tecnócratas son esbirros alquilables al precio de unas cuantas monedas y que los grupos formados por intereses, son tan inestables que al primer riesgo se desvanecen, sabe que los supuestos leales por pura conveniencia abandonan el barco como ratas asustadas a la primer tempestad. También sabe lo que quieren las masas y aún los líderes más ilustrados, quieren “caudillos”, una especie de súper poderosos líderes a los que nadie se pueda resistir y sabe que para serlo, es necesario, precisamente, resistir, batallar sin dar cuartel, sin aceptar nada que no sea la victoria, pues es lo único que satisface a todos. Ese es el verdadero bien mayor y del que se deriva todo lo demás.


A diferencia de la  totalidad de los restantes políticos mexicanos, sostenidos entre sí por la avaricia o por la vanidad, Andrés Manuel López Obrador se sostiene a sí mismo por sus profundas creencias religiosas, una peculiar forma de religiosidad, fruto de una raíz católica injertada con una vara protestante, evangelista, de la cual pende el fruto ideológico del líder carismático y candidato de "Izquierda" o “Progresista” pero claro que en un país como el nuestro, sabe que todo se vale, conservando las apariencias precisas, como eludir el tema religioso cuando este es planteado de manera directa, no mencionar nunca el nombre de "Dios", pero sabe que puede utilizar todas las formas de la cultura política católica y de su discurso, a sabiendas de que nadie más lo utiliza. López Obrador invirtió el triángulo discursivo tradicional y que aun practican el PRI y el PAN, colocando en la parte inferior, secundaria o de menor valor los temas técnicos, los que son francamente propios de los economistas, abogados y sociólogos, para colocar en la punta superior, en la sobresaliente, en la más importante, los temas éticos religiosos: El amor al prójimo, al pueblo, a su libro sacramentado: la Constitución Política, a su "Señor" Benito Juárez, la lealtad a la patria, la honestidad, y se da el lujo de portar orgulloso en su pecho esa Cruz sagrada bajo la irónica forma del Águila Juarista.


Parece una ironía que precisamente prospere en "las izquierdas", donde menos aliados debe encontrar por sus convicciones religiosas, pero es en este ambiente donde dominan los políticos abiertamente agnósticos o ateos, que ignoran o simulan ignorar todo ese bagaje religioso que lo alimenta y lo sostiene. Esta cualidad, en cualquier otro país, atraería a partidarios religiosos y adversarios antirreligiosos, pero en los partidos que son su pedestal a nadie le importa un comino lo que crea o deje de creer, lo único que les interesa, es su afán de tomar el poder al precio que sea y retenerlo por cualquier medio hasta donde sea posible y los consecuentes beneficios económicos y de Poder para sus compañeros de viaje.


Sin duda Andrés Manuel López Obrador es el único candidato a la presidencia que habla con el lenguaje religioso y esto  no es una limitante, sino al contrario, una gran ventaja, pues en México donde la grosería preside la vida política, no se sabe reconocer, ni combatir a un hombre que habla con un lenguaje que convence a los creyentes, en un pueblo de creyentes y que por lo tanto les resulta familiar esa predica. En tanto que sus adversarios hablan como si en lugar de ir a una elección, fueran a una convención de fríos economistas. Todo esto es una ironía en un país cuya formación política laica, es en realidad antirreligiosa, cuya ética política es el latrocinio y cuya pedagogía política es la simulación y el más puro utilitarismo, eso lo sabe y gustoso lo acepta este candidato que todo lo enfrenta con ánimo de mártir, de misionero y en la soledad de sus intimas convicciones.
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