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EL PLAGIO Y NUESTRO DESPRECIO AL INTELECTUAL.

El inmenso prestigio y poder de convocatoria de la periodista Carmen Aristegui, puso de moda en México un tema ajeno a los mexicanos: el respeto al trabajo intelectual. La periodista puso en evidencia al Presidente Enrique Peña Nieto como un plagiario, como uno de aquellos que incapaces de crear una idea, o de plasmarla a la letra con elegancia, prefieren plagiar las frases de otros, y hacerse pasar como los autores.
Algo bochornoso, pero que en México su practica como si fuera un industria, lo hace algo normal, tanto así que los eméritos sinodales de la Universidad Panamericana, donde su claustro albergó la defensa de la tesis profesional de Enrique Peña Nieto, no descubrieron que de los 682 párrafos que la integran 197 fueron plagiados a algunos autores brillantes, pero también a un par de pelmazos. Plagiar es indigno, pero plagiar a Miguel de la Madrid y a Diego Valadés es plagiar a menesterosos intelectuales, eso es algo peor que indigno, es un oprobio en sí mismo.
En fin, sigamos diciendo que en las familias de los males nacionales, el Plagio pertenece al clan del desprecio al trabajo y a la obra intelectual. En la "pisque" del plagiario ni él mismo merece respeto, porque en su conciencia ética no merecen respeto los plagiados, y sabe que a nadie le interesa ni lo que plagia, ni a quien se lo plagia, porque considera que no existen lectores críticos, ni sinodales acuciosos, y que la obra del intelectual ni vale nada, ni a nadie le importa, ni nadie la aprecia.
Acierta, tristemente acierta. La sociedad mexicana que no solo desprecia al intelectual y a su labor, sino que conjura en su contra. En México el trabajo intelectual es ignorado y cuando se percibe, es repudiado, y esto favorece a la práctica industrial de los medios de comunicación, que reciben y publican trabajos intelectuales o periodísticos de autores que no perciben pago alguno por su autoría.
El mexicano que escribe en un diario, o revista nacional o local, por regla general no cobra un centavo por su labor, por lo que debe “vivir” de otra actividad profesional, en muchos casos es la academia, o alguna profesión liberal, o penosamente del Erario en su modalidad de “chayoteo” o dulce pago secreto, oculto dentro del sobre cerrado y cubierto por las espinas de la humillación y la impotencia, de ahí lo acertado de su nombre: “Chayote”.
El “chayote” es una obra del genio mexicano de antaño, elevado al rango de obra cumbre de la estulticia mexicana, para corromper a los nuestros intelectuales e impedir que vivan digna y honestamente de su obra. La filosofía del chayote es sencilla, el medio de comunicación en que labora el periodista o intelectual le paga una mínima parte de su percepción, la mayor parte la paga el gobierno con un sobre, ahora son contratos, en que se contiene el embute que forma la mayor parte de las percepciones del columnista o periodista de la fuente política.
Dos patos con el mismo disparo, uno consiste en el ahorro del medio de comunicación pues no paga sino un miserable estipendio o de plano ni un centavo, y dos, al chayotear el gobierno al intelectual lo corrompe y prostituye.   
Así, el chayote ha corrompido a la inmensa mayoría de los periodistas mexicanos de todos los tiempos, y la sociedad lo sabe y no le importa, simplemente porque el mexicano desprecia al trabajo intelectual, y a los intelectuales, también a los medios de comunicación y también al gobierno.
Hace unos meses Denisse Maerker de Televisa, se manifestó sorprendida de que su nombre apareciera en el listado de proveedores de la presidencia de la República como destinataria del pago de algunos millones pesos, alegando que no era ella en los personal sino “una empresa” (seguramente la suya) la que había cobrado esa fortuna. Eso, eso es el chayote moderno.
Para mayores señas de los periodistas corruptos, ellos son TODOS los de Televisa, TVazteca, los de revistas como Nexos, y en general todos los colaboradores de los grandes diarios nacionales, acaso con unas cuantas excepciones.


Por Antonio Limón López
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