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El sistema político chino, sin misterios

Al igual que todos los estados del mundo la república Popular China proclama ser una “democracia”, aunque agrega que es “popular” para dejar en claro que es dirigida por el mismo pueblo en una “alianza obrero-campesina” y claro que con semejante popularidad le basta un solo partido político: el Partido Comunista de China”, que es el fundador de la propia república como lo proclama paladinamente su constitución. La república tiene en las asambleas nacionales y locales a sus máximos órganos políticos, incluso la constitución fue aprobada y puesta en vigor en la V Asamblea Popular Nacional celebrada el 4 de diciembre de 1982.
Sin embargo, claramente la realidad política de China discrepa totalmente de todo lo antes redactado. Es perfectamente claro que la filosofía política de los gobernantes chinos nada tiene que ver con el marxismo, ni con el maoísmo, en cambio sí con un sistema económico de bienes propiedad del estado, con una creciente economía privada y un sistema político meritocrático, burocrático, centralizado y tutorial.
El sistema político Chino gira en torno a una amplia base de trabajadores condenados al servicio del estado, es un sistema de elites superpuestas que adoptan la forma de una gran pirámide seccionada, dividida en tres lados o “sectores”. 
En China solo existen tres centenas de políticos y unas decenas de millares de millonarios, el resto de la población son burócratas fusionados en tres áreas de la economía: La primera es el gobierno, es decir la burocracia; la segunda es la administración de las empresas propiedad del estado y la tercera y última son las “organizaciones sociales” como las universidades, y en general los programas sociales que el estado lleva a cabo en diversas regiones y que enfrentan una amplia variedad de problemas.
En la base se encuentra la población trabajadora de China que labora bajo las ordenes de los funcionarios o Keyuan, quienes dependen del "Departamento de Organización del Partido Comunista de China" y se dividen en tres niveles jerárquicos, dependiendo del grado de responsabilidad en las empresas que administran, los Fuke (Subgerente de sección) y los ke (Gerente de Sección), son alrededor de 900 mil funcionarios; en el nivel inmediato superior se encuentran los Fuchu (Subgerente de división) y los Chu (Gerente de Sección), quienes suman 600 mil keyuan y en el siguiente nivel de la pirámide se encuentran los Fuju y Ju o  “Jefe Adjunto de Oficina” y “Jefe de oficina” respectivamente y que son solo 40 mil funcionarios.
La movilidad de estos funcionarios es la tarea del Departamento de Organización del Partido que  recluta a los funcionarios de las universidades chinas o de cualquier parte del mundo a que hayan sido enviados a estudiar los hijos de los miembros de las elites, para que se incorporen a la pirámide laboral a partir de Fuke. El departamento evalúa anualmente, con gran celo, el desempeño de cada funcionario, para conservarlos, destituirlos, remplazarlos o ascenderlos a los puestos vacantes de la sección jerárquica superior, esto sin la intervención de ningún miembro del Comité Central del partido.
Sobre los Ju o jefes de oficina ya no existe ningún puesto administrativo o empresarial. El siguiente órgano cupular, por encima del Departamento de Organización del Partido, es eminentemente político, es el Comité Central del Partido Comunista de China, formado por 300 miembros elegidos por el Congreso Nacional del PCC que se celebra cada cinco años para renovarse parcialmente, la elección se realiza votando una sola fórmula de candidatos que invariablemente gana. Sobre el Comité Central existe el “Politburó” formado solo por 25 personas y dentro de este, se encuentra la elite suprema,  el “Buró político” formado solo por 9 dirigentes, que son los hombres más poderosos del gobierno chino.
Esta es la estructura real de poder, como se puede demostrar con las explicaciones de los voceros del gobierno chino en los medios académicos e intelectuales de Estados Unidos de América. Los funcionarios chinos aceptan que su país padece grandes problemas sociales y de corrupción, pero de ninguna manera que el sistema sea injusto o impopular entre la población, incluso critican con igual saña y desprecio a la teoría marxista que imperó en la China comunista hasta la muerte de Mao y a “las democracias, ineficientes y enfermas de occidente”. 
Los voceros e intelectuales chinos aducen que su gobierno es una estructura de poder meritocrática, no dictatorial, altamente sensible y receptiva a las nuevas tecnologías sociales y políticas de occidente, pero que como sistema es el mejor, puesto que las “democracias occidentales” y el marxismo son “meta teorías” políticas o determinismos “infuncionales” con la realidad. 
En cuanto a la pregunta crucial para este tipo de sistemas que carecen de elecciones democráticas ¿Cómo pueden saber los gobernantes chinos, que la población desea cambiar al sistema o está inconforme con su gobierno? contestan diciendo: El gobierno chino es el principal cliente de todas las empresas encuestadoras chinas (!!!) y estas están constantemente haciendo mediciones de la opinión pública y conforme a ellas se toman las decisiones de gobierno y por ese medio saben de la alta estima que el pueblo tiene de su gobierno. Eric X Li (Enlace a biografía), un joven propagandista del gobierno chino en Estados Unidos lo dice en estos términos: “Aquí en China tenemos otro mecanismo, para ser sensibles a las demandas y al pensamiento de la gente”.

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