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DIPUTADOS DE VERDADERA REPRESENTACION POPULAR


¿Qué Debemos hacer con los diputados federales? Bueno, si debiera contestar con sinceridad, propondría meterlos a un horno por unas tres horas. Tomando en cuenta que son 500 y que cada uno le cuestan al país 153 mil pesos mensuales, lo que al mes son unos 76.5 millones de pesos, 918 millones al año y 2,754 millones de pesos por trienio, y esto sin incluir lo que nos cuesta la burocracia del Palacio de San Lázaro, ni su mantenimiento y sin contar viáticos, gastos de representación, vehículos,  seguros médicos, de vida, ahorros, boletos de avión, bonos  y otros multimillonarios costos, pues resultan un agujero sin fondo para una economía tercermundista y subdesarrollada.

Todo ese enorme costo para una Democracia sencilla y verdadera, a pesar de ser alto, sería visto como una modesta inversión, pero este no es el caso de nuestro pobre país, ya que los quinientos diputados no sirven a México sino a los dirigentes que los hicieron candidatos y diputados, por ello carecen de papel alguno ni siquiera eligen a los líderes de las bancadas y tampoco pueden presentar iniciativas propias ya que los únicos que deciden que se presenta como iniciativa, cual se vota a favor y cual en contra, son los miembros de la alta burocracia partidista. 


Son quinientos diputados porque los dirigentes de los partidos necesitan ese número de curules como premios para repartir entre sus lacayos, formados como una casta de rufianes que, esperando una diputación, se sometan a toda indignidad y la apoyen para su propio beneficio, en esta que es una meritocracia al revés, donde los peores son los premiados y los considerados mejores.

Por eso es necesario cambiar este derrotero y premiar a los diputados que cumplan con su tarea de representar a México y no a la casta dorada de los dirigentes de los partidos políticos, también premiar a los electores que votan y castigar a los que no lo hagan, en eso se encuentra la llave de la puerta del cambio en la Cámara de Diputados. El sistema que cumple con esas premisas lo denominaremos de “Representación Popular Dinámica”,   pero ¿Cómo puede funcionar ese sistema? si precisamente la Cámara de Diputados es en donde reside la Representación Popular o mejor aún donde conforme al principio constitucional, reside la Soberanía Popular, vamos ¿que de nuevo le puede aportar?.  

Para lograr grandes cambios en la cámara debemos transformarla, no en sus propósitos sino en algunos de sus mecanismos que la hacen víctima de las satrapías partidistas que la tienen subyugada, por lo que en primer lugar debemos quitarle a la cámara la certeza del número de diputados, ya que actualmente los dirigentes controlan a sus militancias con la zanahoria de una diputación para los peores a pesar de que solo voten unos cuantos electores por distrito, esto es lo que en buen castellano se llama sistema "estático".


La primera transformación es convertir la cámara de un sistema estático a uno dinámico, para ello la Cámara de Diputados tendrá 500 diputados sólo en el caso de que vote el 100% de los electores empadronados en todo el país, pero si vota sólo el 50% de los electores empadronados, bueno eso quiere decir que los diputados no lograron entusiasmar a los electores y en ese caso son castigados en la misma proporción y al mismo tiempo los electores apáticos, por lo que sólo se adjudicarían 250 curules, en otro ejemplo sí sólo vota el 10% de los electores, bueno pues sólo se adjudicarían 50 diputados para esa legislatura y ni uno más, sencillo y sobre todo justo, ya basta que nos obliguen a sostener a una partida de cretinos a pesar de que la votación sea escasa.

Ahora bien, ¿cómo se repartirán las diputaciones resultantes a los candidatos? muy sencillo, por riguroso y estricto número de votos recibidos, a partir del que tenga más hasta el que tenga menos, así que las diputaciones se asignarán sin tomar en cuenta ni el distrito, ni el partido, solo se tomará en cuenta el número de votos que recibió cada candidato sea ganador o perdedor, así que la primera diputación derivada de la voluntad popular, será para él que mayor número de votos haya obtenido a nivel nacional y si su contrincante, suponiendo, fuera el derrotado en el mismo distrito, pero segundo en votación recibida por todos los candidatos a nivel nacional, bueno pues entonces él será el segundo diputado por asignación popular y así sucesivamente hasta que se satisfaga el número de diputados que correspondan a  esa legislatura.

Este sistema dinámico cambiaría no solo la conformación de la cámara, sino la calidad y trascendencia de su papel, pues desde la misma candidatura, los dirigentes de los partidos políticos -que hablando con franqueza son los grandes enemigos de la Democracia en México- perderían todo valor frente la relación entre el candidato y su comunidad, pues mientras que hoy pueden imponer a cualquiera y da lo mismo, en el caso que se propone el resultado electoral de un candidato ajeno a la comunidad no solo implicaría perder esa diputación, sino incluso que el distrito quede sin diputado que lo represente. En los casos contrarios, los candidatos bien conectados con sus electores podrían darle dos o más diputados a un mismo distrito, debido al alto compromiso de electores y candidatos. Este sistema toma  en cuenta a todos, a los que votan y a los que se abstienen, premiando a los primeros y castigando a los segundos; ya que premia a los  candidatos mejor identificados con los electores, por ello la pregunta es  ¿Puede haber mayor justicia?

Imaginemos que hubiera ocurrido con la Cámara de Diputados  en las elecciones del 2006, en las que hubo una mayor participación electoral que en la del 2009, pues de acuerdo con la lista nominal fueron 71’374,373 electores inscritos, de los cuales votaron  41’791,322 es decir el  58.55%, por lo que en lugar de 500 diputados solo hubiéramos sostenido a 293 diputados. Calculemos ahora la cantidad de diputados que estaríamos sosteniendo ahora conforme a los votos recibidos por los candidatos en la elección del 2009, por desgracia el IFE (otra institución de parásitos)  no se ha dignado publicar en su página las estadísticas de esa elección, pero nos da una pista: votó el 44.68% de los electores empadronados, bueno pues entonces nada más mantendríamos a 229 diputados federales, es decir a 64 menos que en el período 2006-2009. ¿No es esto una maravilla?

El otro dato, también muy interesante, sería saber cuántos diputados habría obtenido cada partido político y cuáles serían las regiones del país que resultarían beneficiadas o perjudicadas con mayor o menor cantidad de diputados, en comparación con el actual sistema. No tengo ese dato y me llevaría algún tiempo obtenerlo ante la falta de información del IFE de la elección del 2009, pero es un hecho que los diputados burócratas, los de las listas plurinominales no habrían pisado la cámara sino como turistas, lo cual también es una cosa gloriosa. 


Los beneficios colaterales del sistema dinámico de representación popular son enormes, en primer lugar convierte a todos los candidatos en adversarios de todos, incluidos los de su propio partido y en consecuencia sólo los mejores serán electos, por ende la "mano negra" que lo domina todo ahora será suplida por la transparencia y la competencia plena. Se acabarán los "distritos regalo" que son aquellos que los satrapas o actuales dirigentes partidistas y el Presidente de México en turno, regalan a sus novias, amigos, amiguitos, amantes o que venden descaradamente a sabiendas de que en ellos se gane hasta rebuznando, otro beneficio colateral es que este sistema obligaría a los diputados así electos a excelentes desempeños para conservar a sus electores ya que su elección o reelección  estará influida por los votos o abstenciones de los restantes 299 distritos. En suma es un sistema de competencia plena, una especie de "darwinismo electoral" donde solo los mejores candidatos, partidos y diputados sobrevivirán de elección en elección y donde los únicos beneficiados seremos los electores. 
  
POR ANTONIO LIMON LOPEZ
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