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BENEFICIOS COLATERALES DEL NARCO





Los peores días del poder del narcotráfico dentro y contra la sociedad colombiana ya pasaron, Pablo Escobar Gaviria escapó a la cárcel norteamericana el mismo día que lo sepultaron en su amada Colombia y el imperio de cocaína, sangre, dinero y poder que edificó se desmoronó hace tiempo, solo resta la memoria de su temeridad y la extraña filosofía personal de falso patriota que agravió hasta lo último a un pueblo al que decía amar y que regalándole dinero lo empobreció hasta la abyección. Sin embargo sus “ideas” siguen vivitas, allá en Colombia y aquí en México, la primera afirma que para los hispanoamericanos exportar drogas a Estados Unidos es una tarea hasta patriótica, la segunda proclama que el negocio de las drogas es tan legitimo socialmente como cualquier otro y por último, que un narco congruente con las ideas antes expuestas debe tener poder político para imponerlas.


En México, con ese talento inmenso que tenemos para trivializar todo, no sólo las ideas sino incluso las tragedias, como la que sufrió Colombia desde los años setenta hasta los noventa, llamamos colombianización no a la asimilación de la cultura que llegó con Cristóbal Colón, sino al proceso de degradación social, económica y política de la sociedad y del gobierno colombiano a causa del tráfico de drogas, de los asesinatos, extorciones, amenazas, secuestros y a la negación de la cultura ética que ennoblecía a los colombianos, hasta antes del arraigamiento de las pandillas de narcotraficantes y asesinos  en la tierra que vio nacer a grandes escritores como Porfirio Barba-Jacob y a Álvaro Mutis.


El término “colombianización” ha sido utilizado alegremente entre nuestros políticos, críticos sociales y periodistas, que entusiastamente lo aplicaron para describir el proceso que México esta sufriendo, pero nos ha faltado percepción para descubrir que no es lo mismo y que el proceso de degradación mexicano es distinto y definitivamente peor que el colombiano. En Colombia los carteles surgieron como un cáncer en el momento menos esperado, sorprendiendo a todos y lo hicieron dotados de una estructura moderna y bajo un mando centralizado, prometían una nueva forma de organización social, donde los pobres dejarían de ser los últimos en la cadena social y ocuparán un lugar de privilegio, Pablo Escobar se convirtió en una especie de Robín Hood que robaba a Estados Unidos la riqueza que antes nos había robado, era un vengador de los pobres, un enemigo del imperialismo, Pablo se identificaba como el nuevo Bolívar, como el refundador de la nueva Colombia libre, empresarial, moderna, apuntalada en el nuevo e inagotable oro blanco, la cocaína.


Mucha tinta corrió en Colombia y el mundo para proclamar la nueva filosofía realista, reivindicadora y empresarial fundada en las drogas, pero corrió mucha más plomo y sangre hasta que la violencia desbordada le enfrió los ánimos a la ingenua Colombia. Después del impacto de la novedad, los colombianos descubrieron el verdadero rostro del narcotráfico, el narcotráfico a escala empresarial, monopolista y criminal. Los narcos eran asesinos despiadados y caprichosos, impartían justicia criminal y extorsionaban a los mismos que dizque ayudaban, no solo corrompían al gobierno sino que lo desactivaban, solo apreciaban su propia propiedad privada, porque la del resto de los colombianos era simple botín y en la anarquía absoluta y el desgobierno total, medraban y prosperaban, ese era su verdadero ambiente.


Ante tal la realidad, los colombianos reaccionaron indignados por la afrenta que Colombia sufría  ante el despótico, cruel y caprichoso de Pablo Escobar, sus matones y competidores, no fueron ni la DEA, ni el FBI, ni el Plan Colombia los que vencieron al Cartel de Medellín, fue el coraje social, fueron los jueces, los policías, los políticos y en general  los colombianos limpios, los colombianos valientes, los colombianos patriotas, plenos de convicciones éticas que eran la inmensa mayoría,  los que se organizaron para enfrentar a Pablo Escobar Gaviria, a su sinuosa filosofía nacionalista, a su amor a la libre empresa, a sus desquiciados matones, a los políticos corruptos que se enriquecían, a los servidores públicos convenientemente ineptos, a la Colombia engañada.


El camino no fue fácil, pues no solo había que luchar contra el cartel de Medellín sino también contra el de Cali y otros, que siguiendo el diseñado por Pablo Escobar se asentaron y que también fueron y están siendo combatidos hasta nuestros días, pero ya nadie alza loas a los narcotraficantes y los colombianos como uno solo, combaten a estos delincuentes en todos los campos. En México las cosas han sido distintas.


En México nuestros narcotraficantes no han elaborado la más mínima teoría social o política, ni pretenden reivindicar nada, no opinan sobre la situación del país, ni sobre la familia mexicana, ni sobre el imperialismo yanqui o sobre Estados Unidos y no parece que les interese otra cosa que no sea asesinarse entre ellos  y en enriquecerse sin límite, tampoco han formulado ninguna proclama ni han pedido un acuerdo con el Estado, son sin duda mudos, sordos y ciegos. Tampoco tienen porque hacerlo, ya que los intelectuales snob mexicanos suplen a los narcos dándoles voz, ideas y proclamas, ahora nos dice nuestra intelectualidad que son solo esforzados empresarios que tienen que resolver sus problemas de manera práctica y sencilla, que deberían pagar impuestos y que deberían tener derecho a vender drogas a 500 metros de las escuelas, en realidad nada tienen que decir nuestros narcos pues esa es la misión de la intelectualidad mexicana y de las grandes empresas que ya se les hace tarde por entrarle al bonito negocio de inventar drogas nuevas, mucho más eficientes, adictivas y baratas en bonitos y escépticos envases.


Pero es el caso que no solo los intelectuales y los empresarios visionarios le están echando el ojo  al floreciente negocio del narcotráfico, también están nuestros políticos que lo observan con codicia dispuestos a llevarse alguna tajada y a pesar de que carecen del talento de la crema innata de nuestra  intelectualidad o del ingenio demagógico y populista de Pablo Escobar Gaviria,  están dotados de una mentalidad retorcida que les permite agarrarse hasta de la cola de Satanás si la tienen a modo, por lo que nada de extraño tiene que le entren a los beneficios colaterales del negocio del narcotráfico mexicano. Esto ha sido percibido por los dirigentes de nuestros partidos políticos,  que mientras se recriminan unos a otros politizar el narcotráfico, escarban buscando encontrar un filón de oro en la demagogia en torno a la lucha contra el narcotráfico, no hay duda todos lo están haciendo pero nadie de manera tan injusta, humillante e idiota como lo hizo el dirigente del PAN Cesar Nava, quien el día de la Candelaria 2 de febrero se aventó un gazapo político insuperable, de manera formal y con la caradura que le es propia, dijo en relación a la elección interna de candidato a gobernador por el estado de Tamaulipas: "En el caso de Tamaulipas, el Comité ha aprobado designar candidato que es el método excepcional", previsto en el Estatuto, pues "es de todos conocidos la posible influencia del crimen organizado en la designación de candidatos" y "Estaremos conscientes y tranquilos, sin someternos a ninguna presión y a ningún chantaje"


Dicho en castellano, no se les permitió a los panistas tamaulipecos elegir a su candidato a gobernador en una asamblea democrática, como lo establecen los estatutos del PAN, sino que el comité nacional evitó que se lanzara la convocatoria democrática y ante la ausencia de candidato democrático,  el Comité Nacional del PAN (ahora Felipe Calderón)  designó candidato, simplemente porque en caso de que se elijiera democráticamente al candidato panista, los narcopanistas activos, con derecho a votar en las convenciones internas del PAN,  que a juzgar por lo dicho por César Nava, son mayoría, elegirían a un narcotraficante como candidato del PAN.


¿Puede encontrarse en el mundo mayor imbécil y falsario que el dirigente nacional del PAN? Parece imposible, simplemente porque es falso, los panistas tamaulipecos son personas honestas, serias, limpias que al contrario, verdaderamente luchan contra el narcotráfico educando a sus hijos y apoyando al PAN, que era hasta antes de la presidencia de Felipe Calderón Hinojosa la única opción democrática y limpia para México, pero ahora por desgracia, la dirigencia panista acusa sin pruebas a estos hombres y mujeres ejemplares de narcotraficantes o de simpatizantes de los narcotraficantes, mayor agravio es imposible.


Por fortuna todo lo dicho por César Nava es una farsa, no es cierto que tema a que los narcos mexicanos intervengan en la elección interna del PAN, no es cierto que se encuentre blindando nada, lo cierto es que el único propósito es el de designar  candidatos que le sean absolutamente leales a Felipe Calderón Hinojosa en lo personal, ya que su verdadero proyecto desde la presidencia de México es el de perpetuarse en el control del PAN una vez que haya entregado la presidencia a quien sea, a Felipe no le interesa otra cosa que continuar degradando al PAN para convertirlo en otro PRI, y él apropiárselo erigiéndose en la momia de Plutarco Elías Calles, hasta que nos hartemos de semejante esperpento.     


Por Antonio Limón López.
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