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FELIPE CONTRA EL MUNDO



El movimiento sindical en México tiene tres vertientes, una que sigue los lineamientos de la Tercera Internacional Comunista, concretamente de la Unión Sindical Roja que desde Moscú elaboró un plan de acción sindical para todo el mundo, excepto para la orbita soviética donde los sindicatos (obvio) no existían -ni existen-, a esta corriente se adherieron de manera sincera e incluso heroica Valentín Campa, Silvestre Revueltas y vieron su mayor éxito en el movimiento ferrocarrilero, otra francamente venal que es la de los sindicatos fomentados desde las oficinas del gobierno mexicano, CROM, CTM, CROC, SNTE, SME entre otros y por último los sindicatos que surgen recientemente a raíz del proceso democrático mexicano, sin que esto implique, para nada, que estos nuevos sindicatos sean democráticos, pues son copia al carbón de los anteriores.

En el mundo el sindicalismo surgió contra las condiciones de trabajo impuestas a los niños en las minas de carbón y a las mujeres en la industria de los tejidos, pero pronto se transformó en una fuerza popular e incluso política debido al apoyo de que disfrutaron los sindicalistas, en particular a partir de la primera encíclica social, la “Rerum Novarum” (1891) que establece derechos inalienables para los que “trabajan por el pago de un salario” Pero es en los países de habla inglesa, donde existe mayor evolución industrial donde florece con mayor grandeza el sindicalismo auténtico, en Estados Unidos surgen clubes que son en realidad sindicatos que se confrontan con su gobierno aún en tiempos de guerra, el sindicalismo norteamericano no obstante las frecuentes acusaciones de desvío político o de corrupción, sigue siendo poderoso e influyente y no sólo en Estados Unidos donde los teamsters apoyaron a Obama, sino en Inglaterra (gobernada por los laboristas), Italia, España, Francia, Alemania y hasta en Argentina y Brasil (Lula es un dirigente sindical).

Es cierto que los grandes sindicatos mexicanos han guardado silencio frente al problema del Sindicato Mexicano de Electricistas de la empresa pública Luz y Fuerza del Centro, pero cada día que transcurra en lo sucesivo la inconformidad de este sindicato va a crecer en peligro para el gobierno de Felipe Calderón, pues si no logra en un tiempo breve apaciguar a la dirigencia del SME, los grandes sindicatos norteamericanos y del resto del mundo, van a empezar a presionar a su respectivos gobiernos, fundados en la solidaridad y camaradería entre los obreros. Los Jefes de Estado primero van a enviar notas discretas, sugiriendo a Felipe Calderón que resuelva ese asunto, pero si Calderón no tiene éxito, esas notas se convertirán en exigencias y luego en amenazas, incluso el delicado tema de las maquiladoras puede encadenarse a los reclamos internacionales, los sindicatos norteamericanos tienen años clamando, sin pruebas contundentes, que en México el gobierno manipula ilegalmente los mas elementales derechos laborales y por ende, dicen esos sindicatos, México compite deslealmente en el mercado laboral, lo cual puede implicar el retiro de nuestro país de esa industria, ahora la principal empleadora fuera del gobierno.

Felipe Calderón planteó su plan de extinguir a la paraestatal “Luz y Fuerza del Centro” en un pésimo momento, apenas después de que su gobierno negó reconocimiento a los nuevos dirigentes del SME, lo que parece que el Presidente actuó por simple mezquindad política, es posible que no sea ese el caso, pero lamentablemente lo parece y lo parece mucho; En particular porque el asunto fue consultado exclusivamente ante sus colaboradores de confianza, quienes lo aprobaron gritando “Agu, gu, dada” y aventando sus chupones al aire ¿Qué esperaba, alguna reserva, alguna duda o alguna reticencia? Pues claro que no, para eso es el club infantil que lo ha acompañado, sin reflexionar, apoyándolo en todo a lo largo de los últimos diez años, pero ahora no basta esa lealtad ciega.

Felipe ha eludido astutamente cualquier acto internacional que parezca “políticamente incorrecto” se deslindó de la posición mexicana definida por Vicente Fox con relación a Cuba, apoyó a todos los países del continente en el caso de Honduras, adoptó un papel discreto en el plano internacional y no se ha confrontado para nada con el presidente norteamericano, al extremo de que Andrés Manuel López Obrador quedó como el “loquito de izquierdas” ante los gobiernos de España, Chile, Argentina, Venezuela y Brasil, pero eso puede cambiar a causa del increíble desliz de la disolución de Luz y Fuerza del Centro y la prolongación del problema sindical que enarbola el SME y con este, los grandes enemigos políticos del Presidente AMLO, Ebrard y tras bambalinas el mismo PRI, que alienta a Felipe Calderón para que siga arriesgando todo por prácticamente nada.

Nuestro presidente debe darse cuenta que no es lo mismo enfrentar a Creel, a Fox, a López Obrador, a Ebrard, al PRD, al PRI o a sus propios compañeros panistas engañados con sus designaciones, que enfrentarse a los teamsters y a la AFL-CIO de Estados Unidos, o a la National Farmers Union de Inglaterra, o a la Confederación General del Trabajo de la República Argentina, o las Comisiones Obreras y a la Unión General de Trabajadores españoles, o a la Central Unitaria de Trabajadores de Chile, o a la Central Única dos trabalhadores de Brasil, no es lo mismo, incluso existe la Organización Internacional del Trabajo la que ultimamente tenía difucultades para justificar su existencia,  en suma todas estas organizaciones van a cargar contra Calderón a lomos de sus presidentes y jefes de estado.


El sindicalismo es un grave y delicado asunto nacional e internacional que después de muchos años de tempestades, ahora duerme placidamente. Ningún presidente quiere que este asunto se ponga de moda otra vez y menos en su país y si esto ocurre y es a causa de un "acto soberano" de su vecino, tan mal ejecutado que lo convierta en un asunto internacional, el ingenuo responsable va a tener que pagar una abultada factura en desprestigio y su país... !que ironía! ... en perdida de empleos.

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