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LOS 15 PRINCIPIOS DEL SISTEMA POLÍTICO MEXICANO


Para comprender el sistema político mexicano, es necesario entender los principios que lo animan, sin esta previa comprensión cualquiera se perderá en la espesura de la jungla de mitos, historias falsas, partidos-pandillas, despilfarro insultante, verdades a medias y leyes pomposamente aderezadas, pero que son trampas vulgares para cualquiera que con buen animo y voluntad se atreva a internarse en sus intrincados manglares.


Para simplificarlo, a continuación se sintetizan los principios rectores sobre los cuales se eleva el sistema político mexicano y que pueden guiar a cualquier explorador, sin necesidad de sufrir el ries de extraviarse:

Primer Principio.- México es la patria de la Simulación, por ello se define como democrático, tanto ante sus conciudadanos como ante todas las naciones del mundo, pero sin serlo.

Segundo Principio.- Los poderes y las instituciones políticas mexicanas son antidemocráticas y se organizan siempre de esa manera, pero simulando ser democráticas.

Tercer Principio.- México proclama la igualdad política de los mexicanos, pero tampo es verdad que los mexicanos seamos iguales ni en lo económico, ni en lo político, ni en lo legal.

Cuarto Principio.- Solo existen dos tipos de mexicanos, los de primera que pertenecen a la élite central del poder y los de segunda, cuya función es la de servir y aplaudir a los ciudadanos de primera.

Quinto Principio.- México se proclama "Federal", pero en realidad es un estado centralizado, donde los estados son apéndices del poder central. Por extensión la élite central del poder reside en el DF y ahí residen, salvo casos excepcionales, los ciudadanos de primera.

Sexto Principio.- El ciudadano de primera lo es por alguna de estas razones: Ser amigo o cómplice del Presidente de la República, ser dirigente nacional de algún partido político o amigo o familiar o cómplice de uno de ellos, o tener una concesión multimillonaria, o estar enquistado en una chamba de las "inamovibles".

Séptimo Principio.- México se proclama como una "República", pero en realidad es un botín para unos cuantos: En primera para la élite en el poder, después -en una parte ínfima- para sus lacayos, lambiscones y si resta alguna sobra, estas serán despensas para los lacayos mas leales y pobretones.

Octavo Principio.- En la misma medida en que el sistema legal se proclama Democrático e imparcial,  será en realidad antidemocratico e inequitativo, y fomentará la desigualdad mediante leyes engañosas, bizarras, complejas, elefantiásicas, destinadas a engañar a los ingenuos y a proporcionar instrumentos a los dirigentes de los partidos políticos, a los representantes de los poderes y a la casta de ciudadanos de primera, que le impidan a cualquier hijo de vecina ganar una elección o tener siquiera la posibilidad de lograrlo ni dentro de un partido político, ni en un justo concurso de méritos públicos, porque sin excepción están amañados.

Noveno Principio.- Cada tres años se celebran elecciones que serán consumadas farsas tendientes a seducir al pueblo para que concurra ingenuamente a ellas, pero  por fortuna esto ocurre cada vez con menor frecuencia, en la medida en que los electores se dan cuenta que les están viendo la “P” en la frente y que como sociedad le importan menos que un cacahuate a la élite central del poder y a sus achichincles. Por ello los partidos políticos, feamente despreciados, se esfuerzan por aparentar ser diferentes entre sí, cuando en realidad están hermanados como predecibles payasos de circo de mala muerte, pues carecen de ideología, tienen un apetito voraz, están organizados clientelarmente, su credo es el nepotismo y el engaño que practican evangélicamente "sin ver a quién" pero buscando siempre el mayor número de incautos para proclamar   -falsamente- ante ellos una conducta recta y honorable; Son cuerdas del mismo cuero y a la Democracia la prostituyen en un lupanar laberíntico,  donde la pobre no sabe ni donde está, ni como salir y menos por donde le llegan.


Décimo Principio.- A pesar de que se gasta dinero en educación a lo grande, la élite central del poder se educa en el extranjero, en tanto que una parte mínima de los egresados de escuelas mexicanas se incorpora a la élite, el resto de los egresados de las escuelas mexicanas privadas o públicas forma parte de los mexicanos de segunda.  La educación pública es de una sobresaliente mala calidad que se sostiene por razones de conveniencia política y de pura y simple corrupción.

Décimo Primer Principio.- A los pobres, a los obreros, a los campesinos e indígenas, se les declara héroes, ejemplares eximios de mexicanidad, entre muchos adjetivos más que edificantes: glorificantes, pero en realidad se les trata miserablemente, con la punta del pie, dándoles una pesima educación, negándoles prestamos suficientes para abrir negocios y obligándolos a mendigar “apoyos” como misérrimas cantidades de dinero, credenciales de partidos, canastas básicas a base de paquetes con galletas de "animalitos" para que los niños "panzones" no se vean tan desnutridos.   

Duodécimo Principio.- Si bien el sistema es antidemocrático, permite que algunos ciudadanos de segunda accedan, de cuando en cuando y a cuentagotas, al nivel de ciudadanos de primera, pero esto a  condición de que los agraciados sean antidemocráticos, enemigos de la igualdad y que puedan simular desvergonzadamente que son demócratas y siempre y cuando estén dispuestos a escupir en la memoria de sus padres (y más si estos fueron panistas).

Décimo Tercer Principio.- La élite central del poder además de antidemocrática es antipatriótica, pues por regla general sus hijos han nacido en el extranjero, estudian fuera de México y para evitar correr la suerte de los mexicanos, depositan sus riquezas en cualquier lugar menos en México.

Décimo Cuarto Principio.- La élite central del poder elogia al Ejército Mexicano a más no poder y después a cualquier grupo de empistolados y analfabetas.

Décimo Quinto Principio.- Para ocultar su ineptitud supina, la élite central del poder, promueve reformas constitucionales a granel, todas inútiles pero que mantienen engañada a buena parte de la sociedad a la que engatusan haciéndole creer que se necesitan esas reformas, para que ellos mismos dejen de cobrar sueldos faraonescos, para que dejen de eternizarse en chambas arrastrándose y sujetándose a ellas como lapas y ahora reeligiéndose, para que se abstengan de robar, se vuelvan útiles, patrióticos y democráticos y desde luego, para que usted y yo volvamos a votar por ellos como si fuéramos una estirpe de babeantes imbéciles.

Una vez que se conocen estos principios esenciales del sistema político mexicano, se puede estar en aptitud de contemplarlo en toda su putrefacción y percibir claramente sus hedores, sin que   la cantidad de payasos que escenifican a diario pantomimas para impresionarnos puedan lograrlo.

A pesar de que el conocer al sistema político inmuniza, los espíritus sensibles suelen negarse a aceptar tanta perversión, ni siquiera cuando ven a nuestros ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación discutiendo sutilezas jurídicas mientras acarician sus centenarios de oro, o a nuestros diputados y senadores que al mismo tiempo ven (en el mejor de los casos) las peores películas de Cantinflas y levantan la mano, balando y acatando las consigna que les dictan sus pastores ¿Acaso no se puede uno conmover cuando ve las carnes patrióticamente cebadas del Sr, Cartens, o a todos los lamesuelas hacer cola arrastrándose en busca de un dedazo que los catapulte a la élite central del poder o cuando menos a sus inmediaciones? ¿Acaso no dan ganas de llorar?   Bueno, pues así son las cosas y para no ponernos tristes mejor gritemos !Viva México donde somos ignorantes, felices y cándidos, pero eso sí, muy, muy cabrones! 

POR ANTONIO LIMON LOPEZ


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