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DONALD J. TRUMP VS FRANCISCO

Donald J. Trump es un candidato a contra corriente de los tiempos que vive Estados Unidos, es diferente a todos los restantes precandidatos a la presidencia, y a todos quienes fueron presidentes al menos desde William McKinley. Para fortuna de la cordura, es impensable que Estados Unidos quiera lanzarse en guerra contra México, por mucho que para el rijoso y copetudo rubio los mexicanos seamos una de las amenazas apocalípticas contra su país. 
Es cierto que el peleonero discurso del agente de bienes raíces ha trazado la ruta por la que los restantes candidatos transitan a regañadientes, pero no porque crean en ella, sino porque el norteamericano medio está irritado contra sus políticos y porque la batalla entre republicanos y demócratas, es una trifulca de callejón entre anti republicanos y anti demócratas.
Es lamentable que no haya altura ni superioridad intelectual en ninguno de los candidatos con alguna posibilidad, trágicamente todos parecen malas copias al carbón de los políticos mexicanos: Ignorantes, sin ideas claras, con un patriotismo de plazuela y sin talento político alguno. El propio Donald Trump, como muestra de su “mexicanización”, acusó a sus adversarios de “fraude electoral” en la primaria de Iowa, con lo que indignó al tabasqueño que es actual propietario de esa patente propagandística. 
Semejante busca pleitos no podía dejar pasar la oportunidad de tirarle de palos a Su Santidad el Papa Francisco en su visita a México, por ello desde agosto del 2015 (En una entrevista con CNN) Donald Trump expresó burlonamente contra las naturales críticas al Capitalismo del pontífice, que Isis (El Estado Islámico) “.. quiere invadir al Vaticano”. 
Ahora el 4 de febrero, a unos cuantos días de la visita del Papa a México, Trump volvió a la carga contra el Papa: "Considero que el Papa es una persona muy política. No creo que entienda los problemas que afronta nuestro país. No creo que entienda el problema de la frontera abierta que tenemos con México" dando a entender que el Papa estaba sirviendo al gobierno mexicano contra Estados Unidos y contra su súper héroe: Mr Trump. 
Una vez transcurrida la visita del Papa a México, un inteligente reportero de  The Associated Press interrogó al Papa a bordo del avión: 

PREGUNTA: Buenas noches Su Santidad. Hoy habló elocuentemente sobre los problemas de los migrantes. En el otro lado de la frontera hay una campaña electoral muy dura. Uno de los candidatos republicanos a la Casa Blanca, Donald Trump, en una entrevista reciente, dijo que usted es un "hombre político" y que tal vez sea un peón del gobierno de México en lo que se refiere a la política de inmigración. Él ha dicho que si es elegido, construiría un muro de 2.500 kilómetros de longitud a lo largo de la frontera y que quiere deportar a 11 millones de inmigrantes ilegales, separando así las familias, etc. Me gustaría preguntarle, en primer lugar, ¿Qué opina de estas acusaciones en su contra, y si un católico estadounidense puede votar por alguien así? RESPUESTA: Gracias a Dios que dijo que era un político, porque Aristóteles define al ser humano como un "animal político". Así, al menos, soy una persona humana. En cuanto a si soy un peón, bueno, tal vez, no lo sé, voy a dejar eso a su juicio y al de todas las personas. Por lo demás, una persona que sólo piensa en la construcción de muros, donde quiera que se encuentren, y no en la construcción de puentes, no es cristiana. Eso no está en el Evangelio. En cuanto a lo que dijo acerca de si yo aconsejaría a votar o no votar, no voy a participar en eso. Sólo digo que este hombre no es cristiano, si ha dicho esas cosas o por el estilo. Hay que ver si él dijo eso de esa manera y en esto le doy el beneficio de la duda.” 
Donald Trump no esperaba ninguna respuesta del Papa Francisco, pero acostumbrado como está a agredir impunemente, impulsivamente escribió un texto cuya parte más interesante dice:  

“Para un líder religioso interrogar a una persona de fe, es una vergüenza. Estoy orgulloso de ser un cristiano y como presidente no voy a permitir que el cristianismo sea constantemente atacado y debilitado, a diferencia de lo que está sucediendo ahora, con nuestro actual presidente.” 

Esto ocasionó en Estados Unidos una gran reacción en los medios informativos, y de algunos "cristianos" que redactaron artículos y cartas contra el Papa y contra el Vaticano. Parecía que Donald J. Trump se vestía con el yelmo del cruzado, o cuando menos con el hábito de Martín Lutero. 
En el “National Review” su editorialista estrella, el influyente David French, abogado constitucionalista egresado de Harvard, escritor de varios best sellers y ex combatiente en Irak, escribió: 
“El Papa está equivocado, las cercas no definen la fe”, y argumentó “El Evangelio no es un paquete de conductas sociales..” 
En consecuencia para ser salvo solo es necesario creer en Jesús y confesar de corazón que crees en su resurrección (Romanos 10:9), sin mayor compromiso que ese. 
Por fortuna las voces llamando a una nueva guerra de religión no tuvieron eco en el gran pueblo religioso que es Estados Unidos de América ¿Acaso no fueron hombres y mujeres cristianos quienes tomaron precisamente al Evangelio como “un paquete de conductas y obligaciones sociales” para ayudar a escapar a miles de esclavos del Sur esclavista, aun a riesgo de su propia libertad?  ¿Acaso existe un solo movimiento social en Estados Unidos que haya sido ajeno al juicio o al debate a la luz del “paquete de conductas sociales del Evangelio? ¿Acaso Martín Luther King Jr era ajeno al Evangelio y a su paquete de conductas sociales? 
Precisamente el Evangelio siendo la palabra de Jesús, es también su ejemplo, un ejemplo que llama a ser imitado, un ejemplo que trasciende el ámbito personal y se proyecta plenamente en la sociedad, influyéndola como ha ocurrido desde el nacimiento de Jesús en todo el mundo. 
Si en Estados Unidos quienes consideran al cristianismo como una denominación hueca, sin compromiso por los necesitados, los oprimidos o los débiles y por ende, sin compromiso social, logran llevar a Trump a la presidencia, entonces debemos preocuparnos pero no por este chiflado, sino por la confirmación de lo que sería la transformación de Norteamérica.

Por Antonio Limón López.
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