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HISTORIA PARA MEXICANOS

El reciente debate sobre Porfirio Díaz ha puesto en relieve no al ex presidente y militar mexicano, cuyos restos reposan desterrados en una tumba parisina, sino a la incapacidad que padecemos los mexicanos para discutir nuestra propia historia, y para ser incisivos en la vida de los mexicanos más notables del pasado. Esta no es una idea nueva, desde siempre se ha dicho que existe una “historia oficial” que difiere de la verdadera historia y cuando se llega a este punto, a esta confesión, se acaba la discusión, se agota el tema y se le pone punto final al intercambio, como dando por sentado que existen buenas razones para dejar las cosas de ese tamaño. 
A este último aspecto es al que quiero referirme, y lo voy a resaltar preguntando ¿Por qué no queremos hablar sobre los hombres y los acontecimientos históricos, cuando sabemos que existe una dualidad de historias? ¿Acaso este hecho no convierte en más apasionante y productiva la discusión histórica? Sin duda que la duplicidad de “historias” haría más interesante y altamente benéfico la discusión y la confrontación de las “historias”, eso sería en cualquier parte del mundo, pero no en México y aquí la pregunta de fondo es ¿Por qué no? ¿Por qué los mexicanos no podemos discutir y precisar lo que realmente ocurrió en el siglo XIX?
Hay una razón que lo explica. En México no triunfó el liberalismo, sino la Ilustración, cosas que definitivamente no son las mismas. El liberalismo es la limitación al Estado frente a derechos de los individuos, en ese sentido nunca hemos sido liberales, pues los jefes de estado mexicanos se han pasado por el arco los derechos de los mexicanos. Por otra parte, la “Ilustración” no como movimiento cultural, sino como concepto político, es la idea de que existe una clase gobernante, apoyada en los sabios, que gobierna sin el pueblo y normalmente ... contra el pueblo.
Los "ilustrados" europeos, no eran liberales, ni respetaban los derechos humanos o políticos de nadie, y menos del pueblo al que gobernaban sin su autorización, sin su consenso y desde el Poder absoluto. Eran despotas, simples tiranos. Esto sí que se arraigó en México, para 1810 los españoles y las elites novo hispanas eran partidarias de la ilustración y del absolutismo. Nadie en la España borbónica esperaba que el pueblo realmente se expresara eligiendo gobernantes, y menos que decidiera su propio futuro. Los nobles y los burgueses educaban a sus hijos por separado, y ni por ocurrencia movieron un dedo por la educación del pueblo. 
Eso es lo que ocurre hoy en día, una casta de “ilustrados” han decidido que no tenemos necesidad de conocer nuestra historia, por eso no se puede discutir la personalidad de Porfirio Díaz, ni la de Benito Juárez, ni la de Hidalgo, tampoco se deben discutir las razones por las que perdimos la mitad del territorio, ni de quienes fueron los aliados en México del poderoso vecino. Todo eso, se da por descontado, que nuestra élite lo sabe, pero no lo discute y menos con nosotros ... el "pueblo ignorante", porque acaso el saber nos pueda ocasionar males mayores, acaso sea por nuestro propio bien.
Seguimos siendo una nación dividida en dos campos, el de la élite, rica, centralista, anti democrática que todo lo puede y sabe, y el campo del pueblo que nada puede y menos sabe, para el cual han hecho los primeros una “historia oficial” o historia mentirosa, pues el pueblo de México, hoy como el del siglo XVIII no debe adquirir ningún conocimiento que la élite ilustrada y todo poderosa, no nos haya masticado y regurgitado previamente, para que no nos haga daño. 
No solo somos un pueblo de lacayos, con una democracia de opereta, sino que debemos conservarnos en la ignoracia o en una mentira "para nuestro propio bien".

Por Antonio Limón López.
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