¿Qué es lo que persiguen los asesinos de periodistas? La respuesta
es tan obvia que casi parece innecesaria la pregunta, pero siempre debemos tener presente lo que pretenden los criminales, para negarles el beneficio de que se
salgan con la suya: Los asesinos por razones de conciencia (Y los asesinos de periodistas lo son), persiguen siempre el mismo fin: Silenciar y desprestigiar a su víctima y como consecuencia de ello, desalentar a la sociedad, para que no vea en los periodistas victimado a un ejemplo.
¿Quiénes son las víctimas de los asesinatos de periodistas? Obvio también, en
primer lugar el periodista asesinado, pero no son los únicos, inmediatamente después se encuentra su familia,
su esposa o su compañera y sus hijos, finalmente nosotros la sociedad en general. Es obvio
que no podemos regresarle la vida al periodista y que el daño que sufre la
sociedad es tan indirecto que frecuentemente no lo percibimos, pero quienes
soportan la carga total del homicidio son las parejas sentimentales y sus
hijos, son ellas y estos últimos quienes padecen el peor de los infiernos y
seguro es que los periodistas es lo que menos hubieran querido dejarles por
herencia.
Las familias de los periodistas no solo tienen que cargar con el
dolor de la muerte sino también con el castigo de una sociedad atemorizada que
los percibe como señalados por los asesinos, los hijos frecuentemente no
comprenden a su padre asesinado, pues los dejó en la orfandad y en la miseria,
las mujeres padecen todo esto en silencio y en la desesperanza.
El triunfo de los asesinos es total, pues no solo mataron al
periodista, sino que humillaron a su familia y les extirpan la idealidad a sus
hijos, quienes frecuentemente crecen sin oportunidades de escuela, ni de una
vida digna, además los matones mandan exitosamente un mensaje los demás periodistas: “Si
persistes en hacer lo que hacía el periodista asesinado, terminarás como él y
lo peor, tu familia terminará como la de él, en la miseria y el abandono”
Acabo de leer la historia de un periodista que fue sacrificado
recientemente: Jaime Guadalupe González Domínguez (El hombre de la foto de este artículo), conocido como “El Ojinaga
News” quien denunció los actos criminales ocurridos en su comunidad, no por
delincuentes ordinarios, sino por sicarios, fríos asesinos a sueldo de la delincuencia
organizada y Jaime es un claro ejemplo de lo dicho, murió en la miseria. Sus
familiares y amigos lo acompañaron en su último viaje aterrorizados, temiendo
una agresión en cualquier momento y sus hijos y mujer todavía no comprenden la razón
por la cual vivió y murió este héroe civil.
Al mismo tiempo que esa familia vive en el desamparo, miles de
diputados federales y locales, así como senadores de la república engordan
levantando el dedo conforme le indican sus pastores en las cámaras, con dietas,
sueldos y comisiones dignas de sultanes, arrastrándose ante la ordenes de las cúpulas
de sus partidos, otros miles de funcionarios administrativos y de justicia se
sirven con la cuchara grande, pero para los verdaderos héroes de nuestro país,
solo resta el olvido y la penuria de sus familias.
Para enfrentar la delincuencia el mejor método es demostrar que
los actos criminales son contraproducentes, para ello en primer lugar nosotros,
la sociedad y el Estado que nos representa, debemos otorgar pensiones decorosas a las familias de
los periodistas caídos en el cumplimiento de su deber, de manera tal que los periodistas
no vean en su importante tarea solo una carga y una infamia, es importante
enviar como sociedad el mensaje de que retribuiremos con justicia a las
familias de nuestros héroes civiles y que sus familias no quedarán en el desamparo. Esta es
una solución sencilla, de muy bajo costo económico y de un gran efecto social,
porque nos dignificará como una sociedad justa, digna y con memoria. Algo que por el
momento no somos.
Por Antonio Limón López.