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HÉCTOR AGUILAR CAMÍN O LA MUERTE DEL INTELECTUAL.

 

Parecen lejanos aquellos días en que Héctor Aguilar Camín y Jorge Castañeda Gutman recorrían el país alegremente, disfrutando del enorme poder de ser los intelectuales orgánicos del momento y lo fueron por muchos años, por entonces visitaban a los gobernadores que invariablemente los recibían y sobre la marcha preparaban el mejor sarao intelectual posible, llegaban nuestros “intelectuales” con cajas de libros basura, escritos por ellos y publicados unos cuantos días antes, algunos eran de unas cuantas hojas en los que trataban lo que a su juicio era un tema de actualidad, los gobernadores se aprestaban a pasar el trago amargo de la visita y pagaban sin chistar el mayor número posible de libracos que repartían entre sus secretarios, funcionarios y empleados que dejaban todo por atender al par de visitantes “distinguidos”, con el librozuelo no sabían si tirarlo o colocarlo en el lugar de honor de su oficina, asistían a las comidas de honor y escuchaban las conferencias y pláticas donde el argumento era que gobierno federal era maravilloso y los gobiernos estatales eran una cueva de ratas. Fueron días felices, de mucho alcohol, drogas blandas, desfiguros, dinero fácil, rápido y en grandes cantidades.

Esos días felices se fueron, además los medios impresos se convirtieron en nada, todas las revistas impresas mexicanas y los diarios dejaron su lugar de primacía al internet y luego a las redes sociales, no obstante Héctor Aguilar Camín y los medios, como la revista “Nexos” de su propiedad, beneficiados por el favor del dinero del erario siguieron recogiendo dinero fácil. Aguilar Camín y Jorge Castañeda cambiaron su discurso cundo Andrés Manuel López Obrador fue electo presidente, ahora los gobiernos estatales eran maravillosos y el gobierno federal una cueva de ratas, así Nexos se sostuvo gracias al erario en los pocos estados gobernados por la “oposición”.

El nuevo caballito de batalla discursivo de la revista se centró en el pésimo manejo de la pandemia, al mismo tiempo, otro publicista que navega como “intelectual” es Leo Zuckermann, anfitrión de uno de los pocos programas de opinión y discusión en la banal televisión nacional, que acogió a Héctor Aguilar Camín y a Jorge Castañeda entre sus invitados habituales, pero todo iba mal, los ingresos caían pero ... podía ir peor y así fue, el 20 de agosto de este 2020,  la Secretaría de la Función Pública dio a conocer la sentencia contra la revista “Nexos” prohibiendo al gobierno federal y a los estados que contrataran publicidad durante dos años con esa revista publicitaria y al pago de casi un millón de pesos, cantidad insignificante comparada con las enormes utilidades que tuvo la revista en el pasado, pero que ahora no puede pagar.

En su desesperación, casi al punto de las lágrimas Héctor Aguilar Camín, llamó en una especie de “Yo acuso”, pero Aguilar Camín no es el intelectual que fue Emilio Zolá ni la víctima de la intolerancia que fue Alfredo Dreyfus, es simplemente el autor de su propio desprestigio al poner su pluma al servicio de quien le pagara publicidad, algo que no es nuevo, pues como lo dijo en 1990 Mario Vargas Losa “México es la dictadura perfecta” precisamente porque el régimen prostituyó con dinero y privilegios a los “intelectuales”, pero lo que no adivinó el peruano es que a la postre desaparecerían totalmente los intelectuales mexicanos, como ahora lo podemos apreciar.

Se dice “víctima” de un régimen autoritario, cuando todo mundo sabe que su pluma y su lengua se rentan al mejor postor, todo mundo sabe que no es un intelectual sino un publicista y su esfuerzo no es por México, sino por su cuenta bancaria, los otros publicistas que son sus competidores, moverán un dedo por él, solo cuando exista una utilidad generosa a cambio.

Por Antonio Limón López. 

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PENSANDO EN UN FUTURO PARA MEXICO




De pronto Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín firman como coautores el ensayo ¨Un futuro para México¨, que publican en la revista Nexos, el que bien podría ser un plan revolucionario si en México tomáramos en serio las revoluciones o simplemente las ideas y casi en ese mismo instante, Carlos Slim, nuestro verdadero midas criollo, nos propone otro plan como para tomar las armas o al menos para salir de casa echando, si no balas, si al menos chispas.


¿Acaso estamos inconformes con todo lo que ocurre en México? Bueno, pues sí, eso de la reforma fiscal, de los pelafustanes que tenemos cobrando como diputados y senadores, esos discursos de nuestro antes admirado Felipe y que ahora parecen pronunciados ante el altar de la patria de la ignota república de Babia, donde seguramente todo anda de maravilla, porque en México ¨todo anda de cabeza.


Tampoco estamos felices por tanta delincuencia ni con tan increíble ineficacia de las autoridades  para combatirla, tampoco celebramos la nefasta reforma fiscal, justificada a partir de la brillante frase ¨es la menos mala¨ o como argumentó el Secretario de Hacienda: ¨.. en cuanto a la opinión de los Premios Nobel, algunos de ellos mis maestros, sobre los impuestos en México, debo decir que ellos no conocen nuestra situación, porque lo que funciona para otros, para nosotros no¨ y así fuimos tratados de refilón como si fuéramos fenómenos de circo; ni podemos decir que estamos felices con la farsa de elección democrática del 2009, donde campearon los dedazos y el reparto grotesco de diputaciones entre dirigentes  de los partidos y el Presidente de la República, que recuperó inesperadamente el papel de ¨gran elector¨ de la era priista, es decir de mapache.


Estamos insatisfechos con el presente de México que huele y sabe a pobreza, exceptuando a una élite de funcionarios públicos y a un puñado de familias; nos parece injusto que después de miles de millones de barriles vendidos, de miles de millones de dolares gastados y de otros muchos que debemos, sigan existiendo las condiciones de miseria que expulsan a millones de compatriotas; no, nada feliz nos hace el nivel educativo que se percibe en las escuelas públicas y en las universidades, actuales reductos de todo tipo de pandillas y alimañas;  pues por todo esto y más, por mucho más  estamos insatisfechos y claro, demandamos un gran cambio a nuestros gobiernos y esto explica las propuestas de Jorge Castañeda, de Aguilar Camín y de Carlos Slim. 


Pero no sólo padecemos por causa de las malas decisiones de un gobierno que es autor de lo malo, por ineptitud, complicidad o por cabeza cuadrada, sino que también padecemos por una deformación cultural maligna que nos degrada civicamente y si no juzgue usted a partir de nuestros empresarios, cuyo desmesurado espíritu de lucro y nulo patriotismo, los hace valerse de cualquier medio para evadir impuestos y son incapaces de invertir en algo que no les garantice el 300% de utilidad en el corto plazo; o aprecie el efecto entre nosotros de ese nefasto invento norteamericano de las teorías de conspiración, que ya parece tan mexicano como las  enchiladas o la preferencia por el ocultismo y las ¨filosofïas¨ esotéricas, por el orientalismo de la peor ralea y hasta por la medicina alternativa de magos, curanderos y brujos, que es consecuencia de la ignorancia rampante.


Pero el peor de todos los males, nuestra ¨caja de Pándora¨ consiste en el desprecio que experimenta nuestra sociedad respecto a los políticos, que son vistos como mentirosos, aprovechados, indignos de confianza, miedosos y en suma despreciables, juicios que se extienden a la Política, con lo que quedamos entrampados, pues si no tenemos políticos seguiremos en las mismas, seguirán designándose a ¨ciudadanos¨ (viles escaladores sin compromiso político) a los puestos de elección popular, a fin de cuentas basta el dedazo de los dirigentes partidistas para imponerlos. 


Por lo que es fácil apreciar que antes que el gobierno y sus falsos políticos, los culpables de lo que padecemos somos los ciudadanos sin credencial de funcionarios públicos, en suma tú, yo, él, aquel, ellos, bueno, todos nosotros y si somos víctimas, en todo caso somos víctimas propiciatorias, pues usamos la credencial de elector solo para cobrar cheques y no para votar o cuando votamos, lo hacemos como borregos. ¿Para que nos enredarnos con sofisticadas recetas que de nada sirven? debemos ir directo al problema que está en nosotros los gobernados, tomemos la iniciativa y dicho sea en el lenguaje de Ross Perot ¨Si el auto no prende, pues levantó el cofre y arreglo el problema¨  aquí el auto que no funciona somos los gobernados, que entre complacientes, cómplices e ignorantes, dejamos en las peores manos el presente de México.


Así pues ¿cual es la formula para salvar el futuro de México? definitivamente ninguna de las que proponen Jorge Castañeda y Aguilar Camín, que nos endilgan en su elegante y dilatado ensayo publicado en Nexos, todas las recetas de cocina que hasta Fox suscribiría sin que le temblara el pulso y con la plena aprobación de marthita, tampoco lo es la propuesta de Carlos Slim, mucho mas cercana al acierto, pues para empezar no recurre al clásico recetario dirigido al gobierno.


Nuestro deber es muy sencillo de proponer pero muy difícil de hacer, sencillamente debemos politizarnos, politizar a nuestros amigos, hablar de política, leer a Norberto Bobbio, a Isahia Berlin, necesitamos afinar nuestro sentido político para no engañarnos con falsos políticos, ni con los intelectuales metidos a políticos sin serlo, por este camino dejaremos de engañarnos con nuestra falsa democracia y con sus promesas hueras. Lo que necesitamos es formar políticos verdaderos, formar gobiernos con verdaderos políticos, proponernos metas políticas y exigirnos a nosotros mismos un papel critico pero al mismo tiempo analítico, eso significa en castellano asumir el papel de ciudadanos que nunca hemos sido, algo que en la historia de México nunca ha sido imaginado siquiera (cuando menos desde que en 1325 los aztecas se encontraron el águila parada sobre un nopal devorando a una desdichada serpiente). Entonces y sólo entonces estaremos en posición de tener nuestra propia Tecnología Progresiva, entonces las recetitas de cocina administrativa como las de Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, entre otras más o la visión de Carlos Slim, podrán adquirir el carácter de pasos previsibles, lógicos y hasta inevitables.

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