Lo
primero que hay que decir es que es un candidato con la presentación
inadecuada, lo presentan no como a una persona estimable, sino como el candidato de sus amigos Enrique Peña Nieto y Luís Videgaray, pero sin que le preceda
una vida política. Nunca ha expresado ni ideas políticas, ni sus propósitos sociales,
nunca fue postulado para nada, nunca ha enfrentado al gobierno, ni a
los corruptos, nada de nada. Durante más de seis años ha sido solo un subordinado y
se ha comportado como un empleado silencioso y oportunista.
Su
carta de presentación está firmada por Enrique Peña Nieto,
Videgaray Caso y Felipe Calderón Hinojosa, todos los cuales solo
demostraron avaricia y gusto por lo ajeno, los tres se enriquecieron
con el favor de contratistas o esquilmando al Erario, los dos
primeros recibieron inmuebles fastuosos a crédito por contratistas
bribones, el último a su paso por Banobras obtuvo un crédito
ilegal, pues ni casa tenía y ahora financia la campaña
multimillnaria de su esposa y representa a la multinacional del
soborno Iberdrola en EEUU.
Le
otorgan la cualidad de ser un gran tecnócrata, porque egresó en un
posgrado de la universidad Yale de Estados Unidos, lo cual confirma que no conoce a México, pues los norteamericanos han
demostrado hasta la saciedad que nos desconocen, todas las
iniciativas norteamericanas para México han sido coronadas por el
fracaso, embarradas por la corrupción y construidas sobre el pantano
de su miopía y de su descuido.
Será
un tecnócrata, pero no es un hombre sabio, nunca ha mencionado a
Sócrates, nunca ha mencionado a Octavio Paz, ni siquiera a explicado
al México que quiere, y tampoco es un hombre piadoso pues nunca menciona al México sin esperanzas, mucho menos ha dicho nada de como lograr ese
México por el cual debiera querer ser presidente. Lo único claro es que está feliz con su chamba,
con sus amigos, y con el México ciego que lo aclama como su
candidato presidencial.
Su
debut como político y no como tecnócrata no pudo ser peor,
es incapaz de hilvanar tres frases, de argumentar cabalmente una sola
idea, solo repite frases con voz temblorosa y no existe conexión entre el
discurso demagogo que le imponen (pues a fin de cuentas son también
ignorantes quienes se lo dictan) y su expresión corporal. Se nota
tan cómodo con su papel de candidato como quien pisa un clavo. No es un pez en el agua, es un tronco llevado por la corriente.
Pero
todo eso lo podría tolerar y hasta perdonar, pero es un candidato a "dedazo", que no fue electo de forma democrática, porque es otro
producto de nuestra antidemocracia, y porque ahora es un garante de que la
no Democracia seguirá imperando, y en consecuencia México seguirá siendo la patria de la oligarquía que a dedo maneje este país de lacayos. Se presume "ciudadano" (todos lo somos), pero no ha sido el ciudadano cívico, activo, sino el pasivo, entregado a sus amigos y a los cheques del Erario, y no tuvo el valor en 2012, de decir que votó por el PRI.
Dicen sus apologistas que es un esposo leal, padre amoroso y un católico que no falta a Misa dominical, pero los católicos que necesita México son los que
convierten el Evangelio en su vida, y que están dispuestos a caminar por
el Calvario; y es obvio que este católico de Domingo y de
formas, no está dispuesto a seguir el ejemplo de veracidad, entrega y valor del nazareno. Un católico de formas es un ciudadano de formas, es un mal católico y mal ciudadano.
Es cierto que es un “conservador” como lo
dijo y demostró Enrique Peña Nieto en 2012, quien a pesar de prometer
deshacerse de la Casa Blanca, la conserva y conserva también los donativos
que graciosamente recibió en 2011, y que también conserva el dinero del
Erario en sus bolsillos. En eso si que son muy "conservadores", conservan hasta el último centavo.
Diego
Fernández de Cevallos, que es un hombre inteligente y hasta brillante, aunque muy
cobarde y muy ratero, lo dijo claramente: el “Método
de selección del PRI no es un regreso, es una continuación” y en
efecto todo lo que tenemos a la vista con José Antonio Meade es la
continuación de lo mismo. La continuación que evita que haya un
plato digno y seguro para 50 millones de mexicanos, que propicia que
nuestro mayor temor sea perder los empleos miserables que traen las
maquiladoras, que nuestro mayor esfuerzo sea arrodillarnos
ante cualquier egresado de Yale, y que México sea la patria de la antidemocracia, de los siervos y de los adocenados.
Es
obvio que México necesita cambios, cambios urgentes y de fondo que José
Antonio Meade ni representa, ni propone,.... y que ni siquiera imagina.
El
prestigiado diario San Diego Unión Tribune dio a conocer el 3 de
noviembre, que por problemas burocráticos, las 1.6 millones de
toneladas de desechos nucleares generadas durante años por la Planta
núcleo eléctrica de San Onofre en California, se depositarán
definitivamente a poco menos de 42 metros de la costa del Océano
Pacifico, esto a pesar de que es una zona de gran actividad sísmica, no olvidemos el terremoto de 1994 ocurrido en Northridge, en la misma zona, que ocasionó 74 muertes y la destrucción de puentes e instalaciones de todo tipo, así como la proximidad de las fallas geológicas de San Clemente-San Isidro, San Andrés, San Miguel, San Diego, Newport-Inglewood, Sierra Madre-Cucamonga, Garlock, El Siroco y dos zonas de actividad volcánica. Y para nuestra desgracia, Tijuana-Tecate-Rosarito-Ensenada se encuentran a solo 120 kilómetros
de la muy probable zona de desastre.
Esta
decisión, ahora confirmada, inicia con el acomodo de toneladas de basura nuclear "humedas" a pesar de que se pone en
peligro al Pacífico mexicano, una verdadera maravilla natural que
incluye no solo la costa del Pacífico, sino también al
Golfo de Cortés. El derrame del basurero nuclear de San
Onofre, que ocurrirá inevitablemente en algunos años, se dirigiría impulsado
por las corrientes de Norte a Sur rumbo a nuestras costas, dejando
una cosecha de muerte por envenenamiento de las aguas en
toda nuestra costa Oeste, desde Tijuana hasta Centroamérica, y con peores consecuencias nocivas que el desastre de Chernobyl.
La
costa de la Península de Baja California, todavía es el habitat de la vaquita
marina, del atún aleta azul, de nuestra langosta en Puerto Nuevo, de nuestro abulón, almejas, pulpos, camarones y es el santuario de la
ballena Azul, y también es el espléndido y amoroso mar que cuida de nosotros y que se
contaminaría de inmediato por nuestra indignidad.
Contra este proyecto apocalíptico, todos los días
los sandieguinos se levantan a luchar, y sin embargo las
autoridades mexicanas se comportan como si no existiera, no tiene la
importancia para nuestros patanes gobernantes que solo hablan del Tratado de
Libre Comercio, "reformas estructurales" o que solo meditan en nuevas condiciones favorables para que
las mineras o petroleras extranjeras se sigan llevando nuestros minerales o nuestro petróleo sin
pagar impuestos, pero repartiendo generosos embutes. Esto es lo que preocupa a nuestro gobierno,
pero no la vida ni la salud de millones de mexicanos, no les importa nuestra forma de vida, ni nuestra alimentación y ni siquiera nuestra fauna y flora marina, nada de esto les importa.
Ni
siquiera los parásitos que sostenemos en la Secretaría de
Relaciones Exteriores, formada por la peor casta de simuladores, inútiles y lamesuelas se ha preocupado por presentar ni siquiera una leve
protesta, aunque solo sea testimonial.
Nuestros
aspirantes a la presidencia, una veintena de pelafustanes, ignorantes
y temerosos no se atreven ni siquiera a mencionar el tema, hacen
campaña con sonrisas bobas, promesas mentirosas, ideas bobas y solo reparten tortas insalubres y sodas súper endulzadas. En cuanto a nuestro
pobre pueblo, este posee al menos la felicidad que da la ignorancia, este 5 de noviembre desfilaron cientos de miles en la Ciudad de México, felices como "Walkingdeads" mostrando a todo mundo que
sus cerebros fueron tragados por otros "zombies".
En
tanto, para Estados Unidos el peligro es menor, han calculado que las aguas marinas
contaminadas pasarían veloces, en menos de un día, frente a San Diego, y que el tóxico veneno nuclear llegaría a nuestro mar y luego al Golfo
de Baja California, donde permanecería durante años, claro que los
“marines” de Donald Trump gustosos vendrían a “ayudarnos”,
pero el mundo nos señalará como lo que somos, un pueblo indolente,
apático e indigno del patrimonio natural que Dios inexplicablemente
nos dio.
Todo
esto es intolerable, aceptarlo sin inconformidad o defensa de nuestra parte, es una
variante de Traición a la Patria. Nuestro gobierno debiera reaccionar
indignado, y exigir a nuestro mal vecino una solución segura y distante de nuestra frontera, exigir por ejemplo que el depósito definitivo de sus deshechos
atómicos se deposite al menos a mil millas de nuestra frontera y otras
tantas, de cualquiera de nuestros dos océanos. Si disfrutaron de la
energía barata que les proporcionó la central nuclear de San Onofre
durante décadas, que al menos limpien su propia basura, y la
depositen donde no amenace nuestra vida, nuestros mares, nuestra
fauna, nuestra flora, ni nuestro futuro.