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!Que epidemia, que virus, ni que ocho cuartos!



Parece que la Influenza humana, también conocida como “mexicana” entre nuestros “amigos” chinos, y entre los ciudadanos de la “científica” Alemania, de la “culta” Francia, y de las “izquierdistas” Argentina y Ecuador, así como por nuestros costosos y malagradecidos entenados de Cuba no sobrepasó el critico nivel cinco, incluso parece controlada y cosa del pasado, sin embargo ahora está fuera de control uno de los efectos colaterales de prácticamente todo lo que ocurre en el México de hoy. Este efecto imprevisible, incontrolable y que se multiplica de manera geométrica sin someterse a ninguna ley o lógica, es el de nuestra suspicacia desbordada que todo lo deforma.


Nuestros medios de comunicación aprendieron de nuestros políticos, o al revés, que la verdad pura, escuálida y sin maquillaje no vende ni esculpe prestigios y que tampoco aporta frivolidad o falsía al chacoteo nacional, que es lo que engrasa las imprentas de los alicaídos diarios, aligera la lengua de los pregoneros de la desgracia y da prestigio a los picaros ansiosos de renombre y prosapia al precio de imaginar lo inimaginable y de superar en fantasía ponzoñosa a la mas viperina de las lenguas.


En cuanto los datos dejaron de ser “probables” para convertirse en “confirmados” y los contagios dejaron de ser los miles y miles de al principio, para quedar en un millar, en tanto que los fallecimientos atribuidos al virus dejaron de ser cientos para quedar en apenas una veintena; es decir que cuando parecía que respirábamos tranquilos, a pesar de que los casos comprobados entre nuestros vecinos del norte dejaron de ser menos de una decena para saltar a mas de mil cuatrocientos y a pesar de todo, los norteamericanos en su leguaje cromático, bajaron la alarma de naranja a amarilla, entonces surgieron como hongos las teorías que cuchichean, afectadas por un tufillo de autosuficiencia “que no existió ninguna Influenza”, “que fue inventada por Felipe Calderón para que se aprobaran una leyes”, “que fue una maniobra para obtener prestamos y donaciones”, “que con el cuento de la pandemia quiso detener el gran activismo del “gobierno legítimo” de Andrés Manuel” y otras tarugadas del mismo jaez.


En pocas palabras -dicen nuestros imaginativos teóricos conspirativos- fuimos engañados por una gigantesca patraña, donde la Organización de las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud, la unión europea, los gobiernos norteamericano, canadiense, argentino, cubano, alemán, belga, francés, israelita y hasta el de Timbuctú, coaligados a los colegios, centros y todas las academias médicas mundiales y los grandes y pequeños laboratorios médicos, las instituciones educativas del país, de Estados Unidos, de Europa y de oriente, incluyendo también a los medios informativos de todo el mundo, CNN, France press, Reuters y etc, etc, se sometieron a las ordenes de Felipe Calderón Hinojosa, sí leyó usted bien, de Felipe, nuestro Felipe, el “jelipillo” vamos pues, si, si el chaparrito, gordito y simpático Presidente que de un día para el otro -según dicen- los puso a todos a bailar el son de su mariachi.


Eso dicen, pero no bastaba pues ante el concierto de rebuznidos por tanto pollino, asno o burro vulgaris, no podía faltar el campeón y suprema encarnación del epítome del “mexicanus brutus” es decir el mexicano supersticioso, banal, indocto, mitómano, ambiciosos, desesperado y toscamente imaginativo, en suma el adicto a las teorías conspirativas, anti-democrático por naturaleza e imitador extralógico de todo lo que a su atrofiado olfato le parece rentable, me refiero desde luego a nuestra caricatura de napoleón chichimeca, el autobautizado “presidente legítimo” Andrés Manuel López Obrador, quien celebró hace un par de días un mitin con unos 30 hambreados, a los que les repartieron revolucionarias tortas frías y gaseosas calientes, y ante la pregunta de ¿Por qué la manifestación en tiempos de la epidemia? reventó !Que epidemia, que virus, ni que ocho cuartos!


Así de sencillo, sin ningún respeto ni a la vida de sus fieles y sufridos seguidores, ni a la dosis de veracidad mínima, ni por el respeto esencial que le merece la humanidad en su diaria lucha por la supervivencia, así nuestro gran león de las estupideces nacionales, despreció todo y siguió a galope tendido sobre su maltrecho rocinante rumbo a… rumbo a … ¡sepa la bola!, creo que ni él, ni Dios mismo en su infinita sabiduría sabe a donde se dirige nuestro aturdido jinete tabasqueño.


Sin embargo no mueve a López Obrador otra cosa, que seguir la corriente a los mas perniciosos de sus aliados, los que inconmovibles ante la tragedia nacional, ahora de la gripe, ayer de la crisis, mañana quien sabe de que, solo buscan suponer obscuros conciliábulos entre gobernantes venales y gobernados avispados y claro la Influenza H1N1 no podía ser la excepción, aunque para ello le hagan a Felipe Calderón el favor de ponerlo de líder de una conjura a escala mundial ¿y todo para que? para desprestigiar o minusvaluar cualquier esfuerzo común de los mexicanos, López Obrador y sus malignos compañeros de viaje quieren ver hundirse a México en la pobreza, la ignorancia y la superchería, aportando carretadas de miseria y de cuentos chinos.


No sólo él, una notable cantidad de mexicanos se sienten atraídos por cualquier teoría de conspiración que ande por ahí, no porque los mexicanos hayamos inventado el genero, pues junto con el hot dog, el béisbol y los refrescos de cola, las conspiraciones son una invención yanqui, mas perniciosa que la bomba atómica, pues esto se debe a que los norteamericanos creen que su gobierno es poderosísimo y que anda inventando virus para mermar a los vecinos, auspiciando guerras para vender armas, matando lideres para dejar en el vil caos a sus enemigos y claro cuando se preguntan ¿Quién organizó los atentados del 11 de septiembre? Se contestan, Pues nuestro gobierno ¿Qué fue lo que se estrelló en el pentágono? Pues nada, una bomba que explotó adentro ¿Qué tienen los gerber’s? Pues drogas nuevas para experimentar con bebés latinoamericanos ¿Qué hay en el campo 51? Pues marcianos destazados y naves intergalácticas capturadas por el gobierno para hacer nuevas versiones “made in USA” ¿Quién mató a todos los Kennedy? Pues la CIA ¿Llegamos a la Luna? Pues no, solo se gastaron la lana ¿Por qué los autos consumen gasolina y no agua? Porque así hacen negocio las petroleras ¿Qué hace Dick Chenney? Virus mortales ¿Quienes son los mejores aliados de Estados Unidos? Los extraterrestres y así hasta el infinito, la última es que el polvo del Splenda esta formado por miriadas de robots para espiarnos desde la barriga.


Claro que los “yankis” tienen derecho a creer todo eso de su gobierno, pues en el fondo es un elogio, ya que confían en el poder de su ejército, en la disciplina de sus ciudadanos y en los planes de su gobierno y si no lo cree usted, pues vea las películas de Hollywood, donde los marines vencen a las flotas extraterrestres como en la película “4 de julio” o como en “La Guerra de los mundos” y bueno, en todas para acabar pronto. En cambio en México ¿realmente podemos creer que Felipe Calderón movilizó al mundo, con la invención de una “gripita” para aprobar un par de leyes malhechas e idiotas? ¡pues claro que no! Al pobre de nuestro presidente ni lo hacen en el planeta la mayoría de los gobernantes.


Claro que Calderón puede hacer una que otra conspiración, pero de muy menor calado y nada mas de consumo nacional, apenas contra nosotros los mexicanos, como esa de convertir al PAN de un partido demócrata en una pandillita de cómplices, trepadores y pérfidos mapaches electorales, el “Felipe” solo puede robarse las elecciones internas del PAN y nada más. De manera que un gordo favor le hizo el atarantado de López Obrador cuando negó la epidemia y de nueva cuenta, él si que desvía el asunto importante que encierra la pregunta ¿Por qué murieron tantos mexicanos? ¿Por qué fue tan letal? ¿Es que nuestro sistema de salud es tan ineficiente y tan desorganizado que probablemente sufrimos más muertes que las que se pudieron evitarse?
Pero maldición de maldiciones, parece que nada bueno puede florecer en nuestro jardín de ortigas.

Nivel cinco.




El 29 de abril del 2009, la Organización Mundial de la Salud declaró que la alerta de pandemia pasara del nivel 4 en que se sitúo dos días antes al nivel 5, que implica que el virus se contagia de persona a persona y se expande de manera imprevisible cuando menos entre dos países, México y Estados Unidos.

La responsable de la OMS dijo "La gripe pandémica debe tomarse en serio, precisamente por su capacidad para extenderse rápidamente a cualquier país del mundo", alertó y "El lado positivo es que el mundo está mejor preparado para una pandemia que en cualquier otro momento de la historia", agregó.

"Por primera vez en la historia podemos seguir la evolución de una pandemia en tiempo real", precisó. "Las medidas de preparación tomadas ante la amenaza de la gripe aviar fueron una inversión, y ahora nos estamos beneficiando de esta inversión", añadió.

La inminente pandemia ha puesto los ojos del mundo en México, por ser el país con mayor número de casos y porque poco menos de la mitad de sus habitantes vive en la pobreza extrema, porque además carecemos de un sistema de salud pública bien estructurado y de mediano perfil, sin embargo es indiscutible que el Presidente de México ha actuado de manera oportuna y sin reservas ante esta amenaza y otro tanto están haciendo el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, el Gobernador del Estado de México y a la distancia los restantes gobernadores empiezan a comprometerse en este afán. No es el esfuerzo de funcionarios de un solo partido político.

Nuestro país a pesar de sus carencias, producto de una desafortunada concepción del gasto público que fomenta el derroche en mala publicidad, en gasto corriente a favor de una clase parasitaria que incluye al gobierno, a los partidos políticos, a los dirigentes de las universidades, a lideres de sindicatos oficialistas y a nuestros financieros que se ha ganado a pulso todo tipo de sospechas, entre otras lacras nacionales, tiene que esforzarse en conjunto bajo la dirección de nuestros médicos y sin escatimar esfuerzo y de forma democrática, actuar de manera oportuna y eficaz contra la amenazante pandemia.

Como bien dice la Sra. Margareth Chan, estamos muy lejos de cuando en el pasado enfrentábamos epidemias sin siquiera saber que las padecíamos, como la del año 1349 que azotó Europa devastándola por las condiciones de extrema insalubridad que eran habituales, en cuanto a nosotros, la peor serie de epidemias fueron las que ocurrieron entre 1521 y 1550, a consecuencia de las cuales las huestes de Cuauhtémoc sucumbieron ante las de Cortés y después, ya en el Virreinato, murió entre el 80 y el 90 por ciento de los pobladores de la Ciudad de México.

Años terribles fueron los de 1648, 1668, 1813 y 1833, en que los jinetes de nuestro Apocalipsis fueron, en primer lugar, la Viruela que llegó con la expedición de Cortés, después la de Sarampión, Varicela, Peste y Paperas que devastaron a la población antes de 1600 y durante este siglo XVII, fue la Peste la que imperó, pero al inicio del siglo XIX resurge la Viruela y después el Cólera, hasta este año en que, de un día para el otro, nos encontramos no con otra Epidemia sino con una Pandemia, no bacteriológica, sino de naturaleza viral, en principio “porcina” y hoy, por acuerdo unánime de la OMS, “humana”.


Las descripciones de la forma en que las epidemias azotaron a nuestro país y al mundo son tan abundantes y dramáticas que bien podríamos reproducirlas aquí, pero sería una grave falta de tacto en estos momentos en que existen familias que sufren y otras que viven en zozobra mientras el resto no sabemos muy bien que es lo que va a pasarnos. Los únicos antecedentes de un esfuerzo en gran escala contra una epidemia nacional, son dos, el primero contra la poliomielitis y el que México asumió contra la epizootia de la Fiebre Aftosa a partir de 1946 y hasta 1955, cuando el ejército a punta de fusil o mejor dicho de lanzallamas, llevó a cabo una campaña sanitaria militar tan cruel y arbitraria que estuvo a punto de desatar otro levantamiento armado, ahora por fortuna las cosas son diferentes.

Hay que decir que ahora comprendemos lo suficientemente bien a esos diminutos seres llamados virus como para enfrentarlos con grandes posibilidades de éxito y sin embargo, los virus son en muchos sentidos un misterio para la ciencia de nuestro tiempo como el centro de la Tierra, el fondo del mar, los ríos de Marte, los quarks, el Big Bang o lo que se encuentra dentro de la cabeza de Vicente Fox.

Para ello la formula es sencilla, higiene, información, solidaridad y humildad para acatar lo que se nos pide, por ello reproduzco parte de la carta que me envía el Lic. Juan Manuel Salazar Pimentel:

“No saluden de mano, de beso, de cachetito, ni de abrazo a nadie y en ningún caso. En vez de eso, sonrían en son de saludo y hagan la señal de la V; de ese mondo evitarán mayormente el peligro de contagio. El uso de la señal de la victoria, adquiere una doble connotación en estos momentos: una primera es como medida material para evitar el contagio, y, la otra es que se nos propone como resultado para superar la epidemia victoriosamente; debemos poder saludarnos todos y con mucho gusto cuando el peligro haya pasado.”

“Diosito no se molestará si dejan de ir a misa unos días; pero si el apego a la fe les lleva a la iglesia, entonces eviten dar la paz a través del saludo de mano; si acaso lo hacen, entonces no se toquen su cara, pelo, nariz ni orejas, y tampoco toquen a nadie más hasta que lleguen a su casa y laven sus manos con agua y jabón.”

“Nada malo nos pasará si aplazamos esa fiesta o reunión que se tenía programada; después la podrán llevar a cabo.”

“Cuídense y recen por los demás y por ustedes mismos; yo ya estoy rogando a Dios por todos nosotros.”

“Un abrazo.”

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