El “Cambio” como idea se encuentra profundamente
arraigada en la modernidad. La moda vive del cambio y los
colores favoritos que pueden ser pastel este año, al siguiente pueden ser substituidos por los brillantes; En el mundo de la economía todo cambia a diario, las monedas se devalúan, incluso
surgen nuevas enfermedades y los gustos literarios también cambian, algunos
escritores muy admirados hace pocos años, ahora sufren del peor mal de la
literatura, el olvido provocado por el cambio de gusto, de sensibilidad o de
temática; La publicidad vive de nuestra desmemoria y por ende del cambio; El
cine tiene que reinventarse cada pocos años y hasta la Iglesia Católica cambia.
En todo lo importante y en lo superficial, el cambio reina. El cambio se encuentra en el corazón de
todo lo productivo y lo creativo, en el ocio, en el trabajo y hasta en lo que imaginamos o soñamos.
Heráclito de Efeso, observando la naturaleza de las
cosas allá por el año 500 antes de Cristo, comprendió que todo estaba en constante cambio, que nada estaba estático,
sino que cada uno de los seres vivos y las cosas estaban en constante
cambio. Una de sus frases más recordadas, lo prueba “En los mismos ríos entramos y no
entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]”. De esa aguda observación surgió la del
contrario de cada cosa, del yo que soy pero que en ese mismo momento estoy cambiando.
Platón seguramente escuchó las ideas de Heráclito, y
quedó atrapado en su genio, como lo demuestra que el noble ateniense elaboró la “Dialéctica”, que parte de que a
cada idea o concepto se le opone otro, del mismo tipo pero de sentido opuesto y
de este enfrentamiento surge a cambio, una nueva idea, a la cual se le debe oponer otra
también del mismo tipo pero de sentido contrario, y así surgirá otra nueva en un proceso sin fin.
Platón elevó al altar de su pensamiento a esta idea del cambio constante, de la
oposición y del nacimiento de nuevos y cambiantes conceptos.
Ni Heráclito, ni Platón pudieron imaginar que sus
ideas emparentadas por el cambio, serían retomadas por Hegel, el gran filósofo alemán
de principios del siglo XIX, que en su “Fenomenología del Espíritu” replanteó
el método dialéctico, dándole el rango de sistema de conocimiento, opuesto a la
Lógica y de mayor utilidad, pues mientras la lógica está atada a una premisa
conocida, la dialéctica parte simplemente de conceptos opuestos, de la tesis y su
antítesis. Hegel introdujo las dicotomías opuestas como la noche y el día, el
acto y el sentido, el espacio y el tiempo.
Este pensador fascinado por el
cambio, llenó el siglo XIX, y por sus herederos como Carlos Marx y los
liberales, al siglo XX y lo que va del XXI.
Es pues el “cambio” no solo un concepto coloquial,
sino un concepto central, el propio Darwin creó una formidable teoría que es la
de la evolución de las especies por la selección natural, y Einstein redujo el
universo a un relativismo físico donde nada es inmutable.
Claro que la política como ciencia, arte o saber se
encuentra sujeto a la poderosa fuerza del cambio, ese cambio que transformó a
las primeras polis en burgos florecientes y luego a estos en estados. Ese mismo
cambio que ha llevado al banquillo de los acusados a todas las verdades
inconmovibles y las ha convertido en otras nuevas y distintas, sí ese cambio
que transformó a las sociedades naturales en sociedades civiles, a las
monarquías en democracias, y al mundo antiguo en el mundo moderno.
Pero todo lo anterior vale menos que un cacahuate
ante la política mexicana, que surgió en 1821 y que desde entonces sigue siendo
la misma cosa, cosa de amigos y de pandillas, donde las ideas no son sino
pretexto para que las cosas sean exactamente las mismas aunque con nombres
distintos ¿Quién cree que México es una república? Cuando todos sabemos que es
un gigantesco botín? ¿Quién cree en el federalismo mexicano, cuando seguimos
siendo el mismo estado centralista de 1821? ¿Quién cree en nuestra
independencia con gobiernos lacayos desde que Estados Unidos se aprovechó de
este inmenso territorio poblado por sanguinarios cobardes, sin ley y sin
justicia? ¿Quién cree en la igualdad en este suelo que solo conoce la discriminación,
el desprecio por el distinto, la injusticia y el oprobio?
Hace unos días en la misma mascarada de simpre,
Manlio Fabio Beltrones asumió supuestamente la dirigencia nacional del
PRI, con lo cual confirma que en México
Heráclito, Platón y Hegel valen menos que un céntimo, pues es el mismo dinosaurio de cambio que vive no solo en nuestras pesadillas.
En el interesante libro de Martha Anaya intitulado "1988” se reproduce una frase de Manuel Bartlett,
respecto a Manlio Fabio, a la pregunta de ¿Quién era Manlio Fabio Beltrones en
1988? contestó: “Manlio era el cargachamarras de Fernando Gutierrez Barrios”. Han pasado
desde entonces 26 años y nada ha cambiado, Manlio en 1988 era el cargachamarras
de Gutierrez Barrios y hoy, en pleno 2015, Manlio es el cargachamarras de
Enrique Peña Nieto.
No es el único, Ricardo Anaya es el cargachamarras de
Gustavo Madero, Martí Batres es el cargachamarras de Andrés Manuel López
Obrador. Todo sigue igual, el PRI es la misma repugnante realidad política que entonces, pero
ampliada en otros “pris” ahora llamados PAN, MORENA, PRD, PVEM, MC, NUEVA
ALIANZA. No nada ha cambiado, seguimos hundidos en la simulación, el
gatopardismo, y si algo cambió fue para empeorar, pues ahora nuestra clase
intelectual es más enana, mas miope o ciega e indigna que nunca. Por Antonio Limón López.
El diccionario de la Real
Academia de la Lengua Española define a la “victoria” como la “Superioridad o
ventaja que se consigue del contrario, en disputa o lid.” De lo que debemos
concluir que la victoria existe cuando 1.- Se consigue superar a un adversario 2.- Dentro de una confrontación ¿Pero qué decir de esas victorias en que el adversario no existe fuera de uno mismo o cuando se obtiene sobre el resto del mundo? ¿Fue, por ejemplo, una victoria la de Louis Pasteur el inventar la vacuna contra la rabia, si nadie más la imaginaba siquiera? ¿O la de
Colón al descubrir una ruta a nuevas tierras al oeste de Europa?
La
participación de Javier Corral como candidato "patiño" en la “elección” interna del PAN del 2015, constituye la mayor de sus muchas victorias, primero sobre sí mismo al superar sus propios éxitos
anteriores, y segundo, sobre todos nosotros a quienes engañó y utilizó para simular una confrontación, y con esa derrota seguir cosechando diputaciones plurinominales, y senadurías
de partido y primera minoría más lo que venga.
No es fácil estar siempre presente en el corazón de los dirigentes en turno, pues son ellos los
que deciden el presente y futuro de los políticos por importantes que parezcan. Recordemos al Jefe Diego Fernádez de Cevallos que de ser un parlamentario imprescindible, fue descartado totalmente por Felipe Calderón, quien lo detestaba por talentoso, y ahora nadie se acuerda, ni da un centavo por el futuro político del ilustre barbón.
Contra el caso excepcional de Diego Fernández de Cevallos, encontramos a miles los tipejos y
tipas que han desfilado por las cámaras de diputados y senadores cobrando
percepciones de fantasía para escenificar la farsa de representar al pueblo y
que han llegado a esos recintos gracias a las listas plurinominales, y a la selección de
candidatos a puerta cerrada del CEN de cualquier partido.
Quienes han repetido, han demostrado cualidades cortesanas extraordinarias, servilidad absoluta y lacayuna
obediencia a sus jefes de partido, y esto no es fácil cuando compites contra miles de arrastrados y cortesanos, pero
todavía es mas dificil repetir por segunda, tercera, cuarta o quinta ocasión, eso es algo que solo logra la crema y la nata de la elite de lamesuelas mexicanos.
Si duda usted de lo que
digo, vea la lista de los reyes y reinas de las pluris: Arely
Madrid Tovilla, Alberto Anaya Gutiérrez, Eloy Cantú Segovia, Carlos Aceves y del Olmo, María Beatriz Zavala Peniche, José
González Morfín, Ricardo Monreal Ávila, Jesús Murillo Karam, Francisco Agustín
Arroyo Vieyra, entre otros como Ricardo García Cervantes, Luisa María Calderón Hinojosa, Javier Lozano, Roberto Gil, Manlio Fabio Beltrones Rivera y Gustavo Madero que saltan alegremente de diputados a senadores y de estos a aquellos sin verguenza alguna y sin ganar ninguna elección.
Es precisamente en esta
categoría, la de quienes repiten "pluris" y que por su abnegado arrastramiento
logran una senaduría de partido o de primera minoría, donde destaca sin par nuestro
héroe Javier Corral Jurado, quien gracias a sus cualidades bellacas y a su apego interesado a Luís H. Álvarez, ha logrado, sin ganar un solo voto, ser diputado "pluri" y senador de primera minoría sin cesar.
En 2012 ya siendo senador, y viendo que Felipe Calderón era ya un derrotado, Javier Corral lo calificó de “cobarde”, esperando ganarse la simpatía de Gustavo Madero. Con eso Corral perdió el apoyo del calderonista Luís
H. Álvarez y quedó a la deriva y sin pandilla política, pues tanto los calderonistas como los maderistas lo repudiaron. Gustavo Madero no se dejó convencer por el insulto que Corral le endilgó a Calderón, ya que es todavía más astuto y desconfiado que Felipe Calderón.
Desde ese 2012 Javier Corral fue quedandose solo, sabía el astuto y calculador chihuahuense que si no lograba hacer algo para ganarse el apoyo de Gustavo Madero terminaría por correr la misma suerte de Diego Fernández y de Margarita Zavala, y que si para el 2018 no quedaba en la lista plurinominal, tendría que ponerse a trabajar, por lo que ante tan triste panorama aguzó sus sentidos y sacó a lo peor de si mismo para ganarse la voluntad de Gustavo Madero.
Cuando ya todo
mundo daba por muerto a Javier Corral para el 2018, este concibió una
jugada de arrastrado magistral, al convencer a Gustavo Madero que Ricardo Anaya necesitaba un
contrincante creíble ante los medios de comunicación y ante ciertos miembros
del PAN, y que la persona mas apropiada para escenificar ese numerito sería el propio
Javier Corral.
La oferta de Javier
Corral a Gustavo Madero cayó en el momento propicio, si bien bajo ninguna circunstancia podía perder
Ricardo Anaya, por tener bien amarradas todas las conveniencias de la cúpula panista
y de sus secuaces en los estados, una victoria sin oposición sería cruelmente criticada por la opinión pública nacional. La idea era fenómenal, Javier Corral como candidato opositor no ganaría, pero permitiría
simular una elección democrática y hasta competida ¿Y a cambio de qué? Pues obvio, a cambio de una diputación
plurinominal para el 2018.
Esa es la verdad escondida atrás de la historia oficial. En el camino de su "candidatura opositoria" Javier Corral convocó a la “Rebelión de las bases” ¿Cuáles bases, si el PAN es una recua dócil y bien apacentada?. A la bien calculada aventura de Javier Corral se le sumaron los pocos calderonistas que ya pasaron de dar pena a dar vergüenza, ahora mermados todavía más por las deserciones de los cobardes y convenencieros que se pasaron
descaradamente al bando maderistas, entre ellos los sobrinos políticos de Calderón, y solo los panistas ingenuos hicieron campaña en favor de este vividor.
Finalmente el resultado aplastante se hizo presente, Ricardo
Anaya barrió con el 81.91% de los votos, con una asistencia del 50% de los
empadronados y en un escenario de acarreo masivo de damnificados neo panistas.
Sin embargo, para Javier
Corral Jurado esta derrota es su más
importante victoria, superó a toda su abyecta carrera de arrastrado y gracias a ella logró hacerle un “favor” a la dúo Gustavo Madero y Ricardo Anaya, con lo que
aseguró una diputación plurinominal en 2018 y para entonces, podrá arrastrase de la manera que entonces mas le convenga, para asegurar otra diputación pluri de reelección y luego otra
senaduría en el 2024.
Es una victoria que lo supera como cortesano y rey de las pluris, es además una victoria
sobre el resto de la sociedad que se creyó el cuento ese de la “Rebelión de las bases”, y quienes creyeron ingenuamente que su candidatura fuera una tentiva de cambio y no
una vil farsa para continuar con lo mismo. Por Antonio Limón López. Sígueme en Twitter Pinterest En Facebook
Ya nadie discute que Javier Corral perdió el debate con Ricardo Anaya. Todos vimos como el juvenil Anaya le propinó una contundente golpiza dialéctica al conocedor, experimentado y hábil polemista Javier Corral Jurado. Ahora lo que despierta el interés público es ¿Cómo fue posible eso? ¿Cómo pudo ocurrir semejante cosa? En primer lugar esto no es una competencia deportiva, donde el veterano campeón deberá perder con el joven contendiente porque este será más fuerte, resistente y rápido, sin embargo en este caso no es una competencia atlética, sino un debate ¡Sí, un debate! donde siempre el más sabio, el más experimentado y el mejor conocedor de las trampas y trucos de la retórica deberá vencer, aplastar y arrastrar a cualquier oponente inferior, precisamente como en este caso en que el contendiente carece de la experiencia y sapiencia necesaria para vencer.
Claro que como en el boxeo, en ocasiones el experimentado y mejor dotado puede perder, y en muchas ocasiones le conviene perder, acaso porque exista un premio mayor en las casas de apuesta que en la bolsa para el ganador, acaso porque perdiendo consigue a un mejor promotor que si bien no lo lleve al campeonato, si lo lleve a engrosar su cuenta corriente. Es posible que el mejor pierda, porque el enfrentamiento es una farsa para hacerse con una ganancia que el aficionado desconoce. Este es precisamente el caso en que el tramposo Javier Corral y su patiño Ricardo Anaya, nos insultan con una pelea arreglada.
Javier Corral es experto en el arte de caer siempre de pie, para asegurar candidaturas pluris, de partido y de primera minoría, es decir experto en el arte de ganar perdiendo. Preciso que para ser pluri no hay que ganar, ni para ser senador de partido, y que para ser senador de primera minoría lo único que hay que hacer es perder. Javier Corral durante veinticinco años ha cultivado el arte de vivir del cuento, de la derrota, de la ausencia de victoria, para así ser diputado, luego senador, luego diputado, candidato perdedor y de nuevo senador. Javier Corral es el rey de las pluris como atinadamente lo llamó Juan Ignacio Zavala cuando Corral acusó de cobarde a Felipe Caldero, ya que en ese momento insultar a Calderón era lo que le convenía.
Javier Corral que es un calculador experto, sabe que no le puede ganar a la mafia de Gustavo Madero, y que aun ganando el debate aplastantemente, perdería la elección interna para presidente del PAN, Corral Jurado sabía como todos en este mundo que Madero y sus compinches, entre ellos el títere Ricardo Anaya, es invencible dentro del actual PAN, en otro tiempo un partido de personas que se guiaban por su conciencia, su buena fe y lo hacían en libertad, pero que ahora, es un partido de lamesuelas y avariciosos, sin conciencia y dispuestos a escupir sobre la memoria de sus padres a condición de asegurar una diputación pluri o una senaduría de minoría o de partido, que es lo que busca el astuto Javier Corral.
Por eso Javier Corral "perdió" con Ricardo Anaya, porque fue un debate “arreglado”, en el cual Javier Corral dio golpes suaves y no reviró a cuanto golpe recibió. Claro que también su candidatura fue arreglada, no era digno que Gustavo Madero impusiera sin oposición alguna al monigote de Ricardo Anaya, necesitaban un contendiente “creíble” y ese fue el experto en marrullerías, engaña idiotas y mosquita muerta de Javier Corral Jurado.
Pero entonces ¿Cuál es el premio para este tramposo? Obvio, seguir de sanguijuela como hasta ahora, su premio será ser candidato pluri a diputado en 2018, una vez que abandone por un período el senado y entonces con el apoyo de Gustavo Madero y su robotito Ricardo Anaya, Corral será diputado, y en 2021 será otra vez diputado pluri, pero de reelección, porque para eso servirá la reelección .... para perpetuar alimañas.
Por eso "perdió" Javier Corral Jurado el debate. Cabe aclarar que es falso, totalmente falso, que Corral sea calderonista o lopezobradorista, él simplemente es "corralista", "yo-yo", rastrillo, "nomaspacá" y "parásito" como casi todos aspiran a serlo en el partido fundado por idealistas, entre ellos Manuel Gómez Morín, y que ahora es un reducto, en su mayor parte, de lacras, malvivientes, farsantes, mosquitas muertas y de bobos e ingenuos. Por Antonio Limón López Sígueme en Twitter En Pinterest En Facebook
Cuando algo ocurre por única
ocasión podemos ignorarlo y hasta olvidarlo, pero cuando algo ocurre una y otra
vez, y de nuevo vuelve a ocurrir, entonces estamos ante algo que no podemos, ni
debemos olvidar. Algo que ocurre reiteradamente no es un caso de excepción,
sino que es lo normal, lo ordinario, lo cotidiano.
En 1989, Ernesto Ruffo Appel ganó
de manera contundente las elecciones para gobernador en Baja California, fue el
primer candidato de un partido opositor al del gobierno que ganó una
gubernatura y ... que le fue reconocida, había sido alcalde de Ensenada y se enfrentó a
Xicotencatl Leyva Mortera un político que vivía en pleno siglo XIX y que
prometió llevar a los panistas al Cerro de las Campanas, para ser fusilados
como Maximiliano de Habsburgo.
Como alcalde Ruffo Appel hizo un
gobierno excepcional, el gobernador lo presionó intentando obligarlo a
renunciar al PAN y pasarse al PRI, y cuando Ruffo Appel se negó a semejante
traición, el mismo gobernador intentó someterlo a juicio para desaparecer al
Ayuntamiento de Ensenada, pero el pueblo de Ensenada salió a la calle y como en
Fuente Ovejuna, todos, incluyendo a los priistas salieron a recoger la basura
de las calles, a reparar los semáforos, a pintar los señalamientos, a pagar por
adelantado el impuesto predial o a donar algo de dinero en apoyo a Ruffo Appel.
En 2000, Vicente Fox Quezada fue
electo por una abrumadora mayoría de mexicanos, su discurso pletórico de ideas
de cambio había penetrado hondamente en la sociedad, ansiosa de democracia,
cambio, nuevas ideas y de líderes valientes y decididos. México confiaba en
Vicente Fox y este hombre agresivo e intransigente, era la encarnación misma
del líder del cambio esperado desde hacía un siglo.
En 2006, Felipe Calderón
Hinojosa, el político doctrinario, hijo de un fundador del PAN, considerado un conservador
liberal, democrático, valiente y congruente, con toda una vida de lucha tenaz y
ejemplar, se enfrentó a la estructura misma del Poder, se enfrentó a su
partido, a su presidente y de cara a la militancia panista ofreció, un gobierno
democrático, justo, equitativo, ofreció rebasar a la izquierda por la izquierda
y sepultar al PRI. En una campaña donde México se dividió exactamente en dos,
este hombre supo llevar las riendas de una campaña compleja y desbancar al puntero de la contienda hasta hacerlo perder la mayoría y vencerlo con un puñado de votos.
Ernesto Ruffo, en cuanto asumió
el gobierno de Baja California traicionó a los bajacalifornianos, que exigían
el ejercicio de la soberanía fiscal del Estado, confiados en que saldrían
ganando, pero Ruffo firmó los Convenios de Coordinación Fiscal al mismísimo Pedro
Aspe. Intervino dentro del PAN a la manera del PRI, por medio de títeres y
con el poder de la nómina ofreció candidaturas e impuso candidatos, combatió con toda su fuerza a
Salvador Rosas Magallón, el líder histórico del panismo en el estado y denominó a sus simpatizantes con el mote despectivo de “magallones”. Gobernó con priistas,
fomentó el salinismo, hasta que Carlos Salinas lo consideró inútil y
molesto. Se convirtió de federalista a centralista, de demócrata a autoritario,
despreció a la parte ideológica del PAN, al final de su sexenio se interesaba solo en el narcotráfico y en los mafiosos. Ruffo Appel se consideraba a si mismo como un pragmático y nadie hubiera osado preguntarle, si en su vida leyó algún libro que no fuera obligatorio en la escuela.
En 1996, de cara a la elección interna del CEN del PAN, los panistas estaban decepcionados con Ruffo por varias razones, en primera por su descarada entrega a Salinas, y en segunda, por la traición del bajacaliforniano, que habiendo sido parte de la formula de Felipe Calderón, lo traicionó a media campaña, para lanzarse por separado. Por añadidura, Ruffo hablaba en un lenguaje críptico, ajeno a la tradición de dirigentes nacionales brillantes para exponer ideas y principios, pues el norteño combinaba frases incompletas, e ideas a medias, sazonadas con un florido montón de estupideces y vulgaridades. En ese momento de prestigio y crecimiento del PAN, este no podía tener como dirigente a Ruffo Appel, por carismático
que fuera. El Consejo Nacional decidió elegir a Felipe Calderón como jefe del PAN, y Ruffo Appel entró a la hielera política, hasta el 2012 en que el poder de Calderón se disipó.
Todas las propuestas y planes de
Vicente Fox quedaron en la nada, aconsejado por un gabinete seleccionado por “headhunters” que despreciaron a los panistas, Fox gobernó con priistas o apolíticos, y a falta de sesos, optó por los proyectos de
gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León. Intentó privatizar la extracción de
petróleo, abrir concesiones en favor de petroleras extranjeras y para ello se
alió con la maestra Gordillo, Moreno Valle, los Yunes y otras sabandijas de la misma estirpe. En seis años Fox desertó de todos y cada uno de sus compromisos de panista para lograr los de Zedillo, pero no pudo, Carlos Madrazo lo engatusó, le dijo que sí a todo, pero no le
dijo ni cuándo, ni donde, ni cómo.
Vicente Fox perdió su imagen de
político firme y con rumbo, su gobierno terminó desilusionando a propios y a extraños, se convirtió en un esposo obediente y sumiso a los caprichos de una esposa
pretenciosa y vana. Como padre adoptivo de los bribiesca fue un consentidor, que dejo a sus entenados ofrecer descaradamente influencias a cambio de dinero. El voluntarioso Vicente
Fox de la campaña, como presidente careció de voluntad propia, fue el hazmerreír de sus hijastros, de su esposa, de
Televisa, y de todo México, su amigo Santiago Creel no logró la candidatura
presidencial por culpa del desprestigio de Fox. El panismo irritado con el foxismo, eligió a Felipe
Calderón como candidato presidencial para el 2006, estaba 17% abajo de Andrés Manuel López Obrador.
Felipe Calderón supo
llevar adelante un primer año presidencial terrible, con un PRD fuertemente posicionado en
el Distrito Federal, que respondía en unidad absoluta a las intentonas golpistas de
Andrés Manuel López Obrador, logró tomar protesta en medio del desorden, ingresó al Congreso por la
puerta de atrás, se puso la banda presidencial entre jaloneos, supo contenerse y después de
cierto tiempo, el PRD, el PRI, y el apoyo internacional pusieron a López
Obrador en el limbo. Era el momento de Calderón, pero lo que
hizo sorprendió a todos, en lugar de apuntalar la democracia, fue su peor enemigo, convirtió al PAN en una réplica del PRI, como desconfiaba de todos se apropió del PAN, desapareció
la vida democrática interna del partido y la substituyó por dedazos y
amiguismo. German Martínez y César Nava, fueron sus títeres, apoyó
a Gustavo Madero, pero este lo traicionó. Calderón creyó que Madero
seguiría obedeciéndolo, pero no, el chihuahuense resultó otro manipulador anti democrático.
Calderón quería que el Presidente
de la República que lo sucediera fuera o un achichincle como Manuel Cordero o uno del PRI, para de esta forma seguir
siendo el amo absoluto del PAN y seguir repartiendo diputaciones y senadurías
entre sus amigos y parientes. Sin embargo, terminó siendo un apestado en el PAN. Fuera de la
presidencia fue abandonado por la inmensa mayoría de “sus amigos” a los que
hizo diputados y les otorgó candidaturas amarradas que no merecían. En cuanto
vieron que Gustavo Madero no solo no obedecía ciegamente a Calderón, sino que
lo combatía, los calderonistas se convirtieron en maderistas, la filosofía utilitaria de "con el ganador hasta que pierda"se transformó en el nuevo principio rector del panismo.
Nuestros principales líderes panistas
fueron monigotes con pies de barro, todos actuaron contra lo que prometieron, fueron
contrarios a lo que esperábamos de ellos. Los tres “panistas” fueron claves para envilecer al PAN, y demostraron con su conducta que
los panistas son tan manipulables, perversos y corruptos como los priistas.
Colocaron al PAN en el mismo nivel en que se encuentra el PRI, pero si bien del
PRI nadie espera nada bueno por lo que nadie se desilusiona, en cambio el panismo del que se esperaban solo cosas buenas, terminó desilusionando a todos. El PAN dejo de ser esperanza democratica o ejemplo de probidad, para asumir el papel de pandilla, de montoneros descerebrados pero obedientes y unidos. Hoy nada hace distinto al panismo, ni lo distingue de sus adversarios.